Del modo en que Cristo sublimó las tentaciones del Diablo
Daniel Vicente Carrillo - 20-05-2006 02:58:28 | Categoria: Autor

Papini. El Diablo.
Jesús rechazó, pues, las tentaciones del Diablo: pruebas que eran, además, el prólogo necesario -impuesto por el Espíritu- de su actividad liberadora. Pero es bueno advertir que Jesús no da señal alguna de animosidad o de cólera contra el Tentador. Le contesta con frases breves, serenas; no con frases suyas, sino con aquellas con que el Padre ya había inspirado a sus amanuenses terrestres. En la actitud de Jesús no hay nada que haga pensar en repugnancia, en repulsión, en horror. Cristo no es un amigo de Satanás, ni podía serlo. Rebate seca y resueltamente sus proposiciones, pero después de haberse confiado dócilmente al enemigo que lo lleva en vuelo a la cima de la montaña y a la cima del Templo. Hubiera podido huir, hubiera podido injuriarlo -como hará más tarde con los fariseos y con los mercaderes-; hubiera podido fulminarlo con un solo movimiento de su mano. El Hombre-Dios se comporta de modo más humano y divino. Tolera pacientemente, durante cuarenta largos días, su compañía; escucha, sereno, sus propósitos; replica a sus palabras con otras precisas. Eso confirma que las relaciones entre Dios y Satanás no han quedado interrumpidas luego de la caída, y que Cristo está dispuesto a impartirle Su enseñanza como se la imparte a los hombres.
Se podría ir más lejos. Se podría pensar que Cristo no olvidó las tentaciones de Satanás, y que quiso, en seguida, hacerlas efectivas por su propia cuenta, si bien en forma muy distinta e infinitamente más sublime. Piénsese en la primera tentación. El Diablo pide una transmutación, un milagro: que las piedras se conviertan en pan. Cristo no quiso realizar ese milagro; pero después, cuando se halló en la vigilia de la muerte, anunció y efectuó, por los siglos de los siglos, una doble transmutación: esa misma a la que asistimos todos los días. Hizo que el pan se convirtiese en Su carne; hizo que el vino se convirtiese en Su sangre. ¿La transubstanciación no es acaso una respuesta -divina respuesta- al primer pedido de Satanás?
La segunda tentación fue, como hemos visto, una invitación a precipitarse desde lo alto. Jesús no se dignó a realizar aquel fácil portento; pero más tarde, cuando hubo dado a los Discípulos la prueba de su resurrección de entre los muertos, quiso levantarse en el aire. Pero en vez de volar, como se lo había pedido Satanás, de arriba abajo, hizo lo contrario: se elevó de la tierra al cielo. Al descendimiento que le propuso el Tentador contestó triunfalmente con la Ascensión.
En la tercera tentación, el Diablo ofrece a Jesús todos los reinos de la tierra "y su esplendor". Jesús no ha querido nunca ser monarca. Una vez que quisieron hacerlo rey -cuenta Juan (VI, 15)- se escondió y huyó. Y a Pilatos, que lo interroga, contestará con las famosas palabras: "Mi reino no es de este mundo".
Sin embargo, Jesús ha querido igualmente ser emperador de todos los pueblos. Ordenará a los Apóstoles y a los Discípulos que vayan a todos los países de la tierra llevando Su mensaje. Quería -y aún lo quiere- apoderarse de todas las almas de los hombres, ser reconocido y adorado en todas partes como Señor. Nada le importan los cetros, las coronas y las riquezas de los Príncipes; pero quiere conquistar ese "esplendor" más real y más cierto que aparece o puede aparecer en los espíritus humanos. Cuando sea el Dominador de todas las almas, de los habitantes de todos los reinos de la tierra, ¿no habrá llegado a ser, en verdad, más rey que los reyes, más emperador que los emperadores? Éstos sólo poseen las tierras, las casas, las vestiduras, los cuerpos de los súbditos; pero cuando la Ciudad de Dios llegue a ser tan grande como el mundo, Cristo será más poderoso que los poderosos, porque poseerá las almas, a las cuales todas las formas de vida obedecen.
Una tras otra, las tentaciones del Diablo quedan o quedarán sublimadas y transfiguradas por Cristo, con un sentido nuevo, en un orden inefablemente más excelso. Las burdas trampas de Satanás se convierten, para vergüenza y a despecho de éste, en realidades divinas. Pero quizás la torpeza materialista de las tres tentaciones no sea totalmente ingenua y sí signo de refinada malicia. Según el testimonio divino y humano, Satanás es un espíritu astuto, y no hubiera propuesto aquellos prodigios, más dignos de un mago que de un Dios, si no hubiese tenido una intención más pérfida. No estaba totalmente seguro de que el Hijo de María fuese el Hijo de Dios; y pensó que Éste, si hubiese realizado los prodigios que él le sugería, habría revelado su naturaleza inferior, demasiado humana, y habría quedado disminuído ante sus ojos y le habría dado la prueba de que en aquel solitario famélico no se hospedaba la Segunda Persona Divina. Jesús dio a Satanás la prueba de Su divinidad, al rehusarse a cumplir aquellos milagros; y, como hemos visto, sólo más tarde se inspiró en aquellas tentaciones, pero respondiendo a ellas en forma totalmente distinta, con esa elevación de estilo propia de un verdadero Dios.
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Lo malo de Jesús es cuando se le atribuyen facultades de Dios. Como anarquista frente al imperio romano tiene más sentido. En cuanto unes su naturaleza a la de Dios acabas con su brillantez. ¿Si Dios es omnisciente, y se ha encarnado a Jesús (que a la vez es su propio Hijo -¿eso es ético? ¡a mi me suena a clonación!-), como va a ser tan tonto de caer en la trampa del demonio, un ser, a fin de cuentas, muy inferior a Él? ¿Porqué va a tener miedo a morir, si se conoce eterno? ¿Qué valor tiene que haya muerto en una cruz un Dios que no solo es capaz de volar sino que tiene la chulería de hacerlo en sentido contrario al de la gravedad? No. La verdadera gracia de Jesús está en que era un hombre oprimido, con unos valores formidables, no en su cháchara con el demonio. No en cuantos milagros realizara... Eso es estropear a Jesús.
Comentario de Angelgris hace 2 años y 26 meses
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Cristo cumplió todas las profecías que lo anunciaban y se realizaron todas las que él mismo formuló. Es el único "profeta" que se ha arrogado títulos que ningún profeta osó tocar, y no hay enseñanza que haya desvelado como la suya los misterios de la Escritura en lo moral y en lo escatológico. Todo el relato del Evangelio, además, es indisociable de hechos milagrosos, desde el llamamiento de los discípulos hasta el anuncio de la negación de Pedro, pasando por las curaciones, las apariciones y las resurrecciones.
Frente a todas las acusaciones contra un texto al que se tilda de inverosímil, inconsistente, plagiario, parcial, simbólico, extemporáneo y manipulado, emerge la poderosa e infalsificable personalidad del Mesías, perceptible en cada pasaje y a prueba de torturas filológicas.
Dios encarnado entró y se fue por la puerta trasera, tras una vida fulgurante, cegadora y tumultuosa. En cambio, Jesús como hombre, despojado de divinidad, es un mentiroso y un demente. Aquí no caben medias tintas.Comentario de irichc hace 2 años y 26 meses
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Comento al margen:
"Como anarquista frente al imperio romano tiene más sentido".
Jesús no fue anarquista, sino apartidista. No cuestionó el orden establecido, aunque no fuera perfecto. Su actitud es análoga a la de Sócrates al aceptar su condena injusta. Cristo, sin embargo, tiene un propósito redentor, no meramente filosófico o político.
"¿Porqué va a tener miedo a morir, si se conoce eterno?".
Porque posee una voluntad humana superpuesta y fundida con la divina. Mientras la mente humana de Jesús progresa, la divina la sostiene para que no desfallezca nunca.Comentario de irichc hace 2 años y 26 meses
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Que explicación tan convincente, uy, si, claro... ¿Cómo no se me había ocurrido? Dios borró su propia memoria omnisciente, como es todopoderoso... Pero ¿si Dios estaba en la tierra siendo crucificado quien estaba en el Cielo haciéndose cargo de todo? Ah, claro, que es omnipresente, joder. ¿Entonces si es omnipresente y está en todos lados com demonios puede haber mujeres vírgenes? ¿No deberían ser todas violadas por su omnipresencia?
De verdad, me gusta más cuando imitas a Leibniz y a Spniza, al menos ellos decían cosas más razonables...
PD: Tienes razón, era apartidista, no anarquista, un lapsus.Comentario de Angelgris hace 2 años y 26 meses
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La debilidad de Jesús debe entenderse como una concesión a la nuestra. No al modo de una farsa, pues esta es la interpretación gnóstica, sino como un aniquilamiento parcial mediante la cosificación de la hipóstasis divina, ya que el que puede lo más también puede lo menos.
Leibniz creía en la Trinidad y la defendió en sus escritos.Comentario de irichc hace 2 años y 26 meses











