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Justicia Geométrica

La justicia está en boca de todos y en la mente de muy pocos. ¿Sabemos lo que es cuando nos preguntan?

La vieja y podrida raíz anticatólica



Ya demostramos que la Inquisición, dejando de lado consideraciones de ortodoxia cristiana o derecho divino, no había sido tan mala desde el punto de vista del derecho natural. Mundanizada la Iglesia, tal y como la vio y al modo en que se lo pronosticó San Isidoro en su momento, no fue capaz de alcanzar la perfección evangélica, pero sí brilló como precursora de los Derechos Humanos tanto en la teoría doctrinal como en la práctica jurisprudencial.

Ahora toca observar el reverso. ¿Resultó ser la Ilustración tan santa, tan luminosa? Obviando el racismo de la Enciclopedia, el antisemitismo de Voltaire, o el protonazismo de Sade; olvidándonos también del terrible proceder de los revolucionarios, para los que -en la más genuina tradición sofística- la justicia no era tanto un concepto como una cuestión de fuerza bruta, ¿podemos hablar, en esencia, de una filosofía liberadora?; ¿o más bien tendremos que referirnos a una estrategia de manipulación mental?

A veces uno se retrata a sí mismo en sus acusaciones contra los demás. En el texto que a continuación presento, el filósofo y matemático d'Alembert acusa a los jesuítas de ser poco menos que el cáncer de la humanidad. Así llegó a justificar su expulsión de Francia por aquel entonces y las que iban a sucederse. No tanto por lo que hacían a título individual como por lo que hay que creer que ocultaban a nivel corporativo; no por una conspiración tangible, sino por sus prácticas "invasoras" a nivel ideológico ("la constante intromisión en política", se dijo en España); no por teorizar sobre el regicidio, como hizo mucho antes Santo Tomás, sino por su aspiración al adiestramiento pacífico de las conciencias; no por organizar tumultos, sino por su supuesta doblez subversiva; no, en fin, por esclavizar a nadie, sino por su desprecio de la libertad burguesa, cuyo discurso -y no el de los discípulos de Loyola- iba a hipnotizar dos décadas más tarde en favor de los intereses de esta clase a las masas enardecidas contra la Bastilla.

¿Sentaron los autoproclamados padres de la tolerancia las bases del totalitarismo ateo del siglo XX, hoy remozado -pero muy tímido todavía- bajo la égida del laicismo? Juzgue el lector a partir de la fanática paranoia de las líneas que siguen.

* * *

D'Alembert. La destrucción de los jesuítas.

Gobernar el universo, no por la fuerza, sino por la religión, tal parecía haber sido la divisa de esta sociedad [la Compañía de Jesús] en su origen; divisa que ha dejado ver más a medida que su existencia y su autoridad han aumentado.

Jamás ha perdido de vista ni este objeto, ni el medio (tan dulce como eficaz) que debía de emplear para alcanzarle. Es quizá la única de todas las compañías, como la casa de Austria la única de todas las dinastías de Europa, que tiene una política uniforme y constante; ventaja inestimable para los cuerpos y para las casas soberanas. Los particulares no hacen sino pasar y están sujetos en este corto intervalo a un pequeño círculo de sucesos que no les permiten tener un sistema inmutable. Los cuerpos y las grandes casas subsisten largo tiempo; y si siguen siempre los mismos proyectos, la escena del mundo que cambia sin cesar acarrea, en fin, pronto o tarde, circunstancias favorables a sus miras. Es preciso, cuando uno se ha declarado su enemigo, o aniquilarles absolutamente o acabar por ser su víctima. En tanto que les queda un soplo de vida, no dejan de ser temibles. "Has sacado la espada contra los jesuítas", decía un hombre de talento a un filósofo; "pues bien: ¡tira la vaina al fuego!" Pero los particulares, por muchos y animosos que sean, tienen muy poca fuerza contra un cuerpo; así los jesuítas, tan desacreditados, tan atacados, tan detestados, subsistirían quizá aun com más esplendor que nunca si no tuvieran por enemigos irreconciliables otros cuerpos siempre subsistentes como ellos, y tan constantemente ocupados en el proyecto de exterminarles, como ellos en el de engrandecerse.

La manera como esta sociedad se ha establecido en los lugares en que ha encontrado menos resistencia da a conocer bien el proyecto que le hemos atribuido de gobernar a los hombres y de hacer servir la religión a este designio. Por esto los jesuítas han adquirido en el Paraguay una autoridad monárquica fundada, se dice, sobre la sola persuasión y sobre la dulzura de su gobierno; soberanos en este vasto país, hacen dichosos, según se asegura, a los pueblos que les obedecen y que han conseguido someter sin emplear la violencia; el cuidado con que alejan a los extranjeros impide conocer los detalles de esta singular administración; pero lo poco que de ella se ha descubierto hace su elogio y haría quizá desear, si las relaciones son fieles, que tantas otras comarcas bárbaras, en donde los pueblos son oprimidos y desdichados, hubiesen tenido, como el Paraguay, jesuítas por apóstoles y por maestros. Si hubiesen encontrado en Europa tan pocos obstáculos a su dominación como en esa vasta comarca de América, es de creer que dominarían hoy en ella con el mismo imperio. Francia y los Estados en que la filosofía ha penetrado para felicidad de los hombres hubieran perdido mucho sin duda; pero algunas otras naciones tal vez hubieran podido ganar en el cambio. El pueblo no conoce más que una sola cosa: las necesidades de la naturaleza y la exigencia de satisfacerlas; en cuanto está por su situación al abrigo de la miseria y del sufrimiento, es contento y feliz; la libertad es un bien que no se ha hecho para él, cuyas ventajas desconoce y que jamás posee sino para abusar de ella en su perjuicio propio; es un niño que cae y se lastima en cuanto se le deja marchar solo y que no se levanta sino para golpear a su acompañante; hay que alimentarle bien, ocuparle sin fatiga y guiarle sin dejarle ver sus cadenas; "he aquí", se dice, "lo que los jesuítas hacen en el Paraguay; ved probablemente lo que hubieran hecho en todas partes si se hubiese querido permitirlo". Pero en Europa, en que ha habido ya tantos amos, no se ha juzgado oportuno permitir otros nuevos; esta resistencia tan natural ha irritado a los jesuítas y les ha hecho malvados; han hecho experimentar a las naciones que rehusaban su yugo todos los males que estas naciones procuraban hacerles; útiles y respetados en Paraguay, en donde no hallaban sino docilidad y dulzura, se han hecho peligrosos y turbulentos en Europa, en donde han hallado disposiciones diferentes; y no sin razón se ha dicho que puesto que hacían tanto bien en un rincón de América, y tanto mal fuera de allí, era preciso enviarles a todos al solo punto en que no eran dañosos y purgar de ellos el resto de la tierra.

Referencias

Dirección para referencias

  1. [...] anticatólica, como la que mostré a propósito de d'Alembert y los jesuítas. Observad cómo muchos que leen en los foros y no se atreven de ordinario a abrir la boca encuentran aquí el mejor campo sin ley para clavar la pica de sus majadera [...]

    Referencia de Justicia Geométrica hace 3 años y 43 meses

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