El cristianismo y la violencia-III
Daniel Vicente Carrillo - 22-03-2006 01:48:56 | Categoria: Autor

Thomas Müntzer. Proclama a los ciudadanos de Allstedt.
Sobre todo y por encima de todo, queridos amigos, el temor de Dios. ¿Hasta cuándo dormiréis, hasta cuándo no reconoceréis la voluntad de Dios que, de acuerdo con vuestra opinión, os habría abandonado? Cuántas y cuántas veces os he explicado lo que sucederá: Dios no puede revelarse de otro modo. Tenéis que tener confianza. Pero si no hacéis nada, el sacrificio, vuestra inmensa aflicción, serán cosa vana, y volveréis a sufrir indeciblemente. Os digo eso: si no queréis sufrir a causa de Dios, entonces acabaréis siendo mártires del diablo. Por ello conviene que estéis en guardia, no seáis pasivos u ociosos, no os dejéis seducir por más tiempo por fantasmas absurdos, por pérfidos impíos. Sin demora, ¡iniciad, combatid la batalla del Señor! Ahora es el tiempo oportuno. Sostened a todos los hermanos para que no escarnezcan el testimonio divino. De otro modo, todos, sin remisión, pereceréis. Alemania, Francia, Italia ya han despertado. El Maestro quiere divertirse: ahora les toca a los impíos. Durante la semana de Pascua, en Fulda, han sido destruidas cuatro iglesias. Los campesinos de Klettgau y Hegau, en la Selva Negra, disponen ahora de una fuerza de tres mil hombres y, cada día que pasa, el grupo se fortifica y engrandece más y más. Sólo tengo una preocupación y es que, a causa del desconocimiento de la perfidia de los príncipes, los ingenuos campesinos lleguen a establecer con ellos un pacto engañoso.
Aunque seáis sólo tres, pero confiados en Dios y buscando exclusivamente su nombre y su gloria, no temáis ni a cien mil enemigos. Y ahora, ánimo, ánimo, ánimo, porque ahora es el tiempo propicio, y los impíos tiemblan como perros. Animad a los hermanos a hacer la paz entre ellos para que vuestro movimiento adquiera consistencia. Eso es, desde cualquier punto de vista, sumamente necesario. Ánimo, ánimo, ánimo, no os dejéis enternecer, aunque Esaú os aconseje una buena palabra [Gén 3, 3-4]. No hagáis caso de los lamentos de los impíos. Ciertamente os rogarán con gran educación, lloriquearán y suplicarán como niños. No os dejéis apiadar, porque, tal como Dios lo exigió por mediación de Moisés [Dt 7, 1-5], también nos lo ordena ahora a nosotros. Excitad a la rebelión a pueblos y ciudades y, sobre todo, a los compañeros mineros juntamente con los restantes compañeros que pueden ayudaros. No permanezcáis por más tiempo mano sobre mano.
Mientras os escribo, me ha llegado una noticia procedente de Salza: el pueblo está asediando en el castillo al consejero del duque Jorge, que quería matar en secreto a tres personas. Los campesinos de Eichsfeld se burlan sin rebozo de sus señores, y no quieren aprovecharse de su clemencia. Hacedles caso y que os sirva de ejemplo. Ánimo, ánimo, ánimo, ahora es vuestro turno, es el momento adecuado, Balthasar y Bertel Krump, Valentin y Bischof os preceden en la danza. Pasad esta carta a los compañeros mineros. Mi impresor llegará en unos pocos días; ya ha recibido mi mensaje. Por ahora no estoy en disposición de hacer otra cosa, ya que, de otro modo, hubiera dado suficientes instrucciones a los hermanos a fin de que su corazón se engrandeciese más que todas las fortificaciones y armamentos de los impíos malvados de esta tierra. ¡Ánimo, ánimo, ánimo, hasta que arda el fuego! ¡No dejéis enfriar vuestra espada! ¡No vaciléis! ¡Martillead, pink, pank, pink, pank, sobre el yunque de Nemrod! ¡Destruid sus defensas! No os podréis librar del temor humano mientras ellos [los príncipes] vivan. No podréis hablar de Dios mientras ellos, impunemente, señoreen sobre vosotros. ¡Ánimo, ánimo, ánimo mientras os acompaña la luz, Dios os precede: seguidle, seguidle! La historia ya se encuentra escrita (Mateo 24, Ezequiel 34, Daniel 74, Esdras 16, Apocalipsis 6, todos ellos pasajes que explican Romanos 13).
No os dejéis asustar: Dios está con vosotros, tal como se encuentra escrito en el segundo libro de las Crónicas, en el capítulo segundo. Así habla Dios: “No temáis ni perdáis el ánimo a causa de esta gran multitud, porque no se trata de vuestro combate, sino del de Dios. Este combate no tendréis que combatirlo vosotros, sino que, más bien, os mantendréis a salvo de todo peligro y veréis claramente la ayuda que os dará el Señor” (2 Crón 20, 15-18). Cuando Josafat oyó estas palabras, se prosternó hasta el suelo. Vosotros, haced lo mismo, para que, de esta manera, Dios os fortifique en la fe, de tal manera que no temáis a los hombres. Amén. Dado en Mühlhausen, en el año 1.525.
Thomas Müntzer,
siervo de Dios contra los impíos
Comentarios (0) - Referencias (0)











