Arqueología del ateísmo
Daniel Vicente Carrillo - 11-03-2006 13:39:26 | Categoria: General

Recupero este viejo texto.
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El agnosticismo no es una creencia, sino un estado de búsqueda. Éste, a su vez, se desdobla en dos actitudes: el que busca porque quiere encontrar y el que lo hace para confirmarse en su ateísmo. El primero es creyente, aunque a un nivel bajo (presupone la posible existencia de lo que busca, luego conserva la esperanza de encontrar), y el segundo es ateo.
Aunque a menudo se presente con ciertas ínfulas intelectuales, el ateísmo no es más racional que cualquier otra creencia. Y no es que el ateísmo sea una creencia más, sino que, como demostraré, es una inconsecuente y ridícula amalgama de creencias anteriores. Dichas creencias, no declaradas y fundidas en vistas al objetivo anacrónico de acabar con la doctrina oficial de la Iglesia, integran lo que nos viene a las mientes cuando hablamos de “pensamiento ateo”, “cosmovisión atea” o “ideología atea”. Ésta se concibe a sí misma como una especie de internacionalismo antiespiritual, cuyo cometido más destacable es calumniar todo lo que huela a beato, asociándolo con la estupidez y los más bajos instintos del ser humano. Obviamente el ateo es un santo. Más aún, alguien autosantificado, ya que no reconoce instancias superiores; mientras que el conjunto de no ateos, sus enemigos naturales, son eternos sospechosos de traición a no se sabe muy bien qué. Los grandes espíritus que se distinguieron por su defensa de la fe y la religión fueron, según nos narran estos nuevos iluminados, fanáticos y opresores, malvados e hipócritas, absurdos e ignorantes o, siendo comprensivos, pobres infelices que erraron necesariamente al no haber podido vivir en los tiempos de la Ilustración. Pues bien, me dispongo a acabar con tanta palabrería y a romper una lanza en favor de los creyentes, de los acosados por usar “erróneamente” su libertad de pensamiento.
Seré breve. El ateísmo se remonta a muchas y muy contradictorias fuentes. Resulta instructivo, pues, condensarlas en un solo párrafo a fin de apreciar el grado de solidez de una doctrina que se base en todas ellas al mismo tiempo. El ateo está acostumbrado a juzgar, pero poco o nada a ser interrogado por sus creencias, en teoría inexistentes. Procedamos acto seguido a diseccionar esta falacia de la “no creencia”:
1) La primera fuente de la que bebe el ateísmo es el buddhismo, cuya noción principal, el Dharma o Vacío Absoluto, impregna todas aquellas consideraciones que podrían incluirse en una corriente mayor: el nihilismo, la negación radical de la trascendencia. Sólo existe una diferencia en la formulación de la misma por parte del ateo, pues en vez de afirmarse, como haría un buddhista, que la Nada Absoluta es la Verdad, se afirma que nada es una verdad absoluta, lo cual conlleva decir prácticamente lo mismo pero con un énfasis atenuado.
2) Otro afluente de la profesión de fe atea es el luteranismo, es decir, la asociación de la verdad objetiva con la certeza subjetiva, excluyéndose mediadores entre el perceptor y la cosa en sí. Todas las consecuencias del libre examen se aplican a la concepción que el ateo tiene de la verdad: mi creencia es la correcta, en tanto que sólo yo sé lo que me conviene (pero nadie habla sólo por sí mismo), mi interpretación de la Biblia es la más veraz, mi visión de la historia es la más aproximada, mi concepción del mundo es la más realista, etc. Pero este punto 2 se contradice abiertamente con el 1, ya que se pasa de afirmar la nulidad de todos los puntos de vista parciales a hipostasiarlos y tomarlos como absolutos.
3) El siguiente movimiento a tener en cuenta es el difuso escepticismo o agnosticismo, que normalmente se expresa en estos términos: la verdad absoluta es absolutamente extrínseca al hombre, ser relativo e histórico (noumenismo). Este punto 3 se contradice con el 2, ya que de afirmar la preeminencia de nuestras convicciones por encima de las de los demás pasamos a relativizarlas completamente en aras de una cosa en sí inaccesible.
4) Un nuevo credo a añadir a los ya citados sería el del maniqueísmo, cuya máxima vendría a ser: “El mundo es imperfecto, en tanto que nos causa sufrimientos. Luego el mundo no puede haber sido creado por un Dios perfecto y bueno, sino más bien por un Dios malvado o imperfecto. Nosotros, los perfectos, no somos de este mundo”. Pero hete aquí que hallamos una contradicción más. Este punto 4 choca frontalmente con el 3, ya que dejamos de asociar la verdad con la cosa en sí para predicarla del sujeto, al que se atribuyen los sufrimientos.
5) Seguimos aún con nuestro recuento. El próximo elemento a considerar es el hedonismo o positivismo. La tesis principal de éste es que la verdad está en el mundo, y que todo lo que lo trascienda es forzosamente falso, pues los hombres viven en el mundo. Huelga decir que se da una nueva contradicción del punto 5 con el anterior, el punto 4, de modo que lo que antes se ha vinculado con el mal absoluto (el mundo, fuente de dolor) ahora es la verdad absoluta, y lo que antes tenía el valor de verdad (el anhelo de una felicidad perfecta) es ahora una parte del mundo.
6) Finalizamos la retahíla refiriéndonos al cinismo, doctrina que sostiene que los valores establecidos son malos y han perdido su vigencia, por lo que, para cambiar el mundo, debemos trascenderlos y rebelarnos contra lo dado. El punto 6, en efecto, vuelve a chocar con su precedente, el 5, recobrándose la trascendencia frente a la inmanencia.
El ateísmo también tiene su ortodoxia. Un ateo que no creyera en Dios pero sostuviese el orden inmejorable del mundo, la mediocridad del placer sensible, la universalidad de la justicia y la inmortalidad del alma, ese tal sería un cristiano práctico y acabaría sufriendo el recelo de sus camaradas, que muy probablemente, por más que jurase y perjurase, no lo iban a tener por uno de los suyos.
Conclusión: el ateísmo es una religión de religiones que, saltando de oca en oca, se permite ejercer una crítica implacable sobre todas las demás. La incoherencia es, sin duda, un valor en alza.
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Chorradas, irich, chorradas. El Budismo me trae sin cuidado. El luteranismo no es más que otra secta. El escepticismo no tiene nada que ver con lo que dices. Creo que confundes maniqueismo con gnosticismo y los dos son pajas mentales. En lo único que te acercas un poco es en el punto 5, aunque eso de meter henodismo y positivismo en el mismo saco... o es ignorancia o es que también tú te has contagiado de la Turmix intelectual. Y sobre lo del cinismo no se de qué estás hablando y dudo que tú mismo lo sepas.
Comentario de GatoQ hace 2 años y 31 meses
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Bueno, y eso de las “ínfulas intelectuales”. Si por tal entiendes que no ha existido, al menos en los últimos dos siglos, ningún intelectual digno de tal nombre que sostenga el dogma del Dios Tres-En-Uno, quizá sea cierto. Pero entiéndelo, eso es por incomparecencia del contrario.
A excepción, claro está, de los muy ilustres Dr. Vicente Carrillo, y Dr. Polaino.
Comentario de FC hace 2 años y 31 meses
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Y otros tantos que no conoces, FC.
Comentario de irichc hace 2 años y 31 meses
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¿Quienes son esos otros dos?
Comentario de FC hace 2 años y 31 meses
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GatoQ,
En un escrito pasado afirmo que los ateos no son más que protestantes sin dogmas. Explicaré por qué. Sabéis que los protestantes se niegan a llamar “santos” a aquellos que la Iglesia considera como tales. Según ellos‚ sólo Dios nos juzga (como si los católicos pensaran otra cosa)‚ y de ahí infieren falsamente -mediante el espantajo de la predestinación mal entendida- que no podemos indagar la bondad o la maldad de nadie hasta el juicio de los muertos. No hay en nosotros -predican- acciones intrínsecamente morales fuera del plan divino y el mandato bíblico (en contra, ver Lucas 17:1); el derecho pende de un misterio inextricable y ya no es natural, mas hay que tenerlo por sobrenatural *.
Observad que los ateos‚ por su parte‚ no hacen otra cosa que suprimir “la hipótesis de Dios"‚ dejando intacta la distinción protestante, de estirpe maniquea, entre justicia humana y justicia divina. Ahora bien‚ si entre la moral divina y la humana hay un abismo (el hombre no puede llamarse más o menos justo)‚ como pretenden los de Lutero‚ y además Dios no existe‚ como tienen por cierto los ateos‚ entonces la moral tampoco existe: ni en el hombre ni en el más allá. La consecuencia se sigue perfectamente. El ateísmo y el relativismo moral‚ pues‚ son un eslabón más del protestantismo‚ la vía nihilista del cisma, una secularización de la Reforma.
* Compárese con el recorte de derechos que el liberalismo impone con la excusa de que la diosa Fortuna, encarnada en el mercado libre, debe imperar sobre todo y sobre todos.Comentario de irichc hace 2 años y 31 meses
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FC, no seré yo quien supla tus carencias culturales. Acude a la Wikipedia.
Comentario de irichc hace 2 años y 31 meses
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He agregado un penúltimo párrafo al post.
Comentario de irichc hace 2 años y 31 meses











