Reblogución, copyfight: Alguien no ha leído a Adorno
Daniel Vicente Carrillo - 27-02-2006 15:55:39 | Categoria: General

¿Qué es la industria cultural para nuestros rebeldes? La industria lucrativa, regida por los imperativos del mercado. La industria de los empleadores y mediadores parasitando la industriosidad de los proletarios. Los nuevos subversivos no quieren tratos con esta cosa. Ellos lideran la nueva oleada tecnológica que posibilitará que los profesionales independientes decidan cómo rentabilizar su trabajo. La tecnología -dicen- con su enorme radio de difusión, nos hará más cultos, mientras que la cultura, exenta ya de trabas físicas, comerciales y políticas, aumentará nuestro nivel de ahorro al tiempo que multiplicará nuestra capacidad de lucro, con lo que, en definitiva, nos convertirá en más ricos. ¿Fin de la historia? En este punto el lector percibe que se le ha hurtado algo en el razonamiento. Veamos de qué se trata.
Internet rompe el monopolio del negocio editorial y discográfico de productoras y distribuidoras. No las elimina, sino que se suma a ellas en competencia. Permanece el predominio. Se opera, pues, una reconversión industrial propiciada por una diversificación de la oferta. Sin embargo, el esfuerzo del individuo sigue sujeto al gravamen conjunto de la abundancia (el número casi ilimitado de competidores) y de la escasez (los destinatarios, forzosamente reducidos). Hasta aquí todo se mantiene igual tras la revolución de los pijamas. Por otro lado, el mismo auge consolida el monopolio de las telecomunicaciones, beneficiando básicamente a los 'mass media' junto con los sectores empresariales que los rodean.
Con la interactividad cibernáutica la pescadilla de la información se muerde la cola y el consumidor de la crónica pasa a ser también su difusor subsidiario, su efecto onda, su repetidor estadísticamente inofensivo. A pesar de todo, los creadores capaces de llegar a la multitud continúan siendo los menos. Mejor todavía: proporcionalmente han sido menguados a la mínima expresión al inflacionarse artificialmente su censo y mezclárselos con los opinadores, mandatarios tácitos de cadenas televisivas y periódicos. Así, las tradicionales correas transmisoras de la cultura (entendida como “visión del mundo”) se ven parcialmente relegadas, pero es sólo la apariencia falaz de su hondo fortalecimiento. Las fuentes del disenso quedan definitivamente absorbidas por los imperios de la comunicación, que dictan sus “memes” a los siempre dispuestos memos escribientes, en abrumadora mayoría. La profusión insensible del detalle de la que hablaba Adorno. Luego no está tan claro que el renovado panorama nos hará más cultos, ni más libres, y apunta más bien hacia lo contrario. En la sociedad de la información, la informática no es más que un régimen de disciplina.
Ignacio Escolar se atreve a hablar en términos peyorativos de la industria cultural oponiéndola a lo que él hace en la red. El gacetillero es consciente de que su esparcimiento bloguístico no es más que la reducción a consignas de su trabajo intoxicador en Telecinco, éste todavía sometido a ciertas reglas de prudencia profesional. Aquí Nacho refleja las noticias; allí éstas lo reflejan a él, con la preciada imparcialidad como excusa para la radicalización del sesgo. Ha extendido su trabajo al ocio y ha canalizado el ocio de los demás, sus lectores y partidarios, en una estrategia de retroalimentación que aumenta exponencialmente su popularidad y sus rentas por propaganda. Pero, con todo, asegura que no forma parte de la industria cultural, que nada tiene que ver con ella.
El problema del copyleft es que no se plantea, como sostiene, a modo de opción personalísima, sino bajo la forma de un verdadero movimiento organizado con consecuencias a escala global. No es más que una mascarada del consumismo de nueva generación que pretende devorar justamente lo que dice defender: el sujeto. El copyleft es un engendro liberal, la última vuelta de tuerca al sentido ordinario de las palabras. Si la izquierda adolescente lo ha integrado en su discurso es por su pobreza de ideas congénita, que la obliga a prostituirse y a travestirse con asiduidad, esta vez con tintes mesiánicos y totalizantes. En la nueva dimensión “libre” de los bits el trabajador ha adquirido a la postre una condición política que el capitalismo primerizo le negaba: ser la marioneta de un ideal, vender valores, erigirse en pseudoempresario, agente del pan y el circo del pueblo. “Expande, obrero, tu trabajo; tu trabajo eres tú. Hazte uno con tu labor: lucha, carga, faena, por la dignidad”. Por pequeño que sea su margen de ganancia, el inútil socializado se lo debe todo al sistema en su conjunto, que se dirige a él autoritaria y despreciativamente.
¿Y qué sucede con el lucro? Como la energía, no desaparece. Ni siquiera cambia de manos. Pero, por virtud del subterfugio de la gratuidad, sí se blanquea en las conciencias de muchos. Rotativos que se regalan como "20 minutos" convierten al periodista en una nueva clase de agente mediador entre el comercial y el gran público. La realidad descrita en forma de noticia adquiere la categoría de producto anónimo, configurado por la reducción de costes -menos personal- y el aumento del beneficio –más anuncios, dinámica diabólica que llena los impresos de inevitables rótulos espónsor. La información es por lo pronto más escueta y telegráfica, deviene ella misma un artículo de consumo para el ajetreado viandante, a quien el régimen de continua excepción política que es la democracia liberal obliga a estar al día permanentemente. La noticia se muestra al cabo como envoltorio superfluo y pasajero de la propaganda partidista, fusionada con la mercantil, y como plasmación sintética del deber del ciudadano, cuya libertad desregulada es cada vez más un cheque en blanco para los deseos en suspenso del poder ejecutivo.
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oye asin de pasada cuando me iba ...komo k me ha molado...yo vuelvo una noche...Stoy en un proyecto de Eskuela libertaria basada en la autosuficiencia por si te interesa y un dia hablamos ...venga volvere pero de nuit
agur
Comentario de nirvabu hace 2 años y 30 meses
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¡Qué mala es la envidia........¡
Comentario de ana hace 2 años y 30 meses











