Epitafio para la guerra civil española
Daniel Vicente Carrillo - 21-02-2006 12:46:05 | Categoria: Debate

¿Existe un derecho a derrocar un gobierno democrático? Situemos el contexto:
Por aquel entonces "democracia" en la Europa continental significaba algo parecido a "todo el poder para el pueblo", es decir, era un concepto más próximo al comunismo que al liberalismo. Por este motivo los fascistas en todo el mundo arremetieron contra la democracia así concebida: por considerarla -no sin buenas razones- el eslabón previo a una revolución socialista. Y no se equivocan mucho los que ven en el fascismo un estado patológico del liberalismo. Donde no hubo una tradición parlamentaria institucionalmente equilibrada, históricamente consolidada, ideológicamente canalizada, popularmente respaldada; donde no existió, en fin, un constitucionalismo de mínimos (a la americana) y no de máximos (a la catalana*), en la que la facción en el poder intentaba reformularlo todo de nuevo e imponer a la otra su modelo social, en estos casos, digo, la democracia fracasó, por utópica e indeseable para el orden. Añádasele a lo mencionado la particularidad hispana de la cuestión territorial -que en verdad, ayer como hoy, es una lucha entre regiones desarrolladas y por desarrollar-, el apoliticismo caciquil nacionalista, las ambiciones de los cantones ajenas al sentido de Estado, y el polvorín está servido.
Realmente creo que la guerra fue inevitable, ya que los maximalistas (demócratas o no) eran mayoría abrumadora; si no ciudadana, sí al menos orgánica. Y lo que es peor, se delegó el monopolio de la violencia en "el pueblo", o sea, en las bases sectarias de los respectivos frentes. La frase de Azaña sobre las iglesias y los republicanos es toda una metáfora: vale más la voluntad absoluta y despótica de un energúmeno, conciencia viva de su presente, que cualquier ideal superior capaz de aglutinarnos, meras ruinas del pasado. No os engañéis, la República no fue idealista ni democrática; ni siquiera fue cosa pública, sino una venganza privada a gran escala: por Fernando VII, por las guerras carlistas, por el terrorismo anarquista, por Cuba y Filipinas, por la Semana Trágica, por Annual. Pereció aguijoneada por su pragmatismo homicida y fuera de quicio.
* * *
Ya están marchando en desigual hilera
De absurdos rostros de valor armados;
Dirían triste al corazón cansado
Que a tierra evoca en la forastera.
Acusa un tenue y joven sol de mayo
Sorda agonía por tañer campanas;
El mudo anhelo de la sangre humana
Arrastra cuerpos que fulmina el rayo.
¡Procesión terrible del penado!
La muerte cada corazón pondera,
Tributo iluso de los desahuciados.
Arde la guerra de puro indignado,
Sublime acervo de la estirpe huera,
Embiste y lacra una pasión de esclavo.
* * *
* Véase el proyecto de Estatut 2005, que demuestra hasta qué punto los catalanes son genuinamente españoles y una nulidad moral como nación.
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