La cruda realidad sobre la realidad
Daniel Vicente Carrillo - 20-01-2006 09:59:56 | Categoria: General

La realidad empíricamente considerada -según el dogma positivista- no se obtiene por derivación de ningún principio lógico superior que la comprenda. Ése es el motivo por el que no se la puede definir, sino, a lo sumo, describir. La palabra "realidad" es un término tan vacío como "ozingobru" si no se refiere a esta o aquella realidad contemplada. Por eso no sirve como fundamento de ningún sistema, ya que ella misma, dada su inconsistencia ontológica, requiere de él.
Somos capaces de abstraer las características generales de los objetos para aplicarlas a una pluralidad de ellos. Ahora bien, como no hay muchas realidades, sólo una, no es pensable siquiera una definición de realidad que pueda extrapolarse a varias. "Perro" viene a ser un vocablo apto a los efectos de una definición a priori; "realidad" no. No hay nada común con carácter necesario en dos situaciones reales distintas, pues las variables tiempo y espacio también son relativas a los estados de cosas.
Los duros materialistas han esgrimido ese espantajo, la realidad fenoménica, frente a cualquier conceptualización que escapase de ella. Sin embargo, a pesar de existir en cuanto tal ("real" y "existente" son sinónimos), la realidad carece de significación propia. No puede oponerse a "lo irreal", porque no hay impedimento absoluto para que lo que hoy no existe sí exista mañana. Ergo, no hay "realidad" ni "irrealidad" a priori, sólo convenciones descriptivas, que es lo que se quería demostrar.
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Hace un año escribí esto sobre las mónadas:
La mónada es un punto inextenso de fuerza que está en la materia (como tensión centrífuga o ex-tensión), pero que es absolutamente ajeno a la materia (al carecer de partes). Así, nada de lo que sucede en el mundo afecta a la mónada, y nada de lo que sucede en la mónada afecta al mundo. Cada mónada, pues, es uno de los infinitos reflejos posibles del universo. No ya una "duplicación" de lo real, sino una irisación ilimitada de todo lo que nos circunda y cuenta con forma, medida y peso. Las mónadas, a su vez, no tienen forma: son la forma o principio organizador de la materia prima, es decir, de la próxima (cuerpo), mediante el automovimiento o moción inmediata, y de la lejana (universo), a través del movimiento mecánico o mediado. El cuerpo sería aquella parte del mundo bajo el dominio intrínseco de la mónada (conato o apetencia; cfr. Spinoza: "somos deseo"), mientras que el universo, cuyos elementos se encuentran indisolublemente correlacionados, permanecería bajo el dominio extrínseco de aquélla (resistencia o acción). Microcosmos y macrocosmos, voluntad y realidad quedan divididos y unidos al mismo nivel por lo monádico, ligazón que el autor de la "Ethica more geometrico demonstrata" -adicto al materialismo no-dinámico cartesiano- obvió y destruyó.
Sólo las mónadas más perfectas (almas) se perciben a sí mismas, resultando, no obstante, cada una de ellas generada directamente por Dios, ya sea desde el inicio de los tiempos y "ex novo" (creación), ya en cualquier momento posterior y "ex vetero", esto es, a partir de una mónada irracional preexistente (acreación). Todas las mónadas, en cambio, perciben la materia de manera más o menos confusa, dependiendo dicho grado de su cantidad de fuerza individual y del nivel de organización que alcancen con respecto a otras mónadas menos perfectas. Éstas están subordinadas a las primeras en virtud del principio armónico que une al foco perceptivo, aperceptivo y deseante con el organismo extenso y móvil. Lo cual no debe tomarse como una irrupción injustificada, Deus ex machina, de la suprema providencia teleológica en el orden de las causas eficientes, sino como una consecuencia inferida de que, a pesar de su completa incomunicación recíproca, las mónadas (inteligentes o no) procedan como si interactuasen entre sí y con la materia. Descartado el azar, nos acogemos a la hipótesis de la armonía.
Pruebo de la siguiente manera que las mónadas no son ingénitas y sí creadas por Dios: 1) Ninguna mónada (sin partes) puede ser construida por composición y, por ende, por materia. 2) Análogamente, ninguna materia (con partes) puede construirse según un agregado de mónadas. 3) Ahora bien, toda mónada debe tener un lugar, dado que, de lo contrario, todas estarían en el mismo lugar (un no-lugar) y se identificarían con Dios. 4) Añádese a esto que cualquier materia potencial o actual debe estar dotada de forma (causa) y fuerza (fin) para resultar inteligible, pues lo no pensable o ininteligible no sólo no existe, sino que ni siquiera es. 5) De lo que se deduce que no la materia creó a la mónada como su epifenómeno, ni la mónada creó a la materia como su excreción: ambas aparecieron simultáneamente con el acto creador de la mónada divina, que las preordenó en su mente de una sola vez para la eternidad.
Si la mónada no percibe (percibir es representar más o menos distintamente lo múltiple en lo uno), no actúa; y, si no actúa (actuar es dirigirse más o menos autónomamente a un fin representado) y no es extensa, no existe, es asubstancial. No es difícil derivar de todo ello que la mónada no puede ser sin percibir y que en el preciso instante en que empieza a ser junto con la materia también empieza a percibirla. Nótese, sin embargo, que no habiendo momentos intermedios entre la creación, el existir de la mónada y su percepción del universo, no cabe atribuir a éste una influencia sobre aquélla, ni tampoco a la inversa, salvo que quisiéramos valernos de fuerzas ocultas, solución que no conviene a la cabal filosofía.
La idolatrada materia es algo, ciertamente. Pero también es lo más próximo a la nada, ya que es divisible "ad infinitum" y no dispone de un comienzo en sí misma, sino en un ente metafísico que, no siendo materia, no se da sin materia y no permite que la materia se dé sin él: la mónada. El individuo de Descartes, Spinoza, el cuasi-plagiario Bueno y el de cualquiera que se les asemeje es un individuo alienado en la pasividad de la materia, sin comunicación efectiva con ella; un individuo, entonces, incapaz de transformar el mundo.Comentario de irichc hace 2 años y 32 meses
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Tienes dos errores, a saber, el primero es que las mónadas no existen, o, al menos, no tienes pruebas de su existencia, y el segundo, es que la materia no es divisible "ad infinitum" de lo cual sí que existen numerosas pruebas. Por ejemplo aquí.
Comentario de FC hace 2 años y 32 meses











