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Justicia Geométrica

La justicia está en boca de todos y en la mente de muy pocos. ¿Sabemos lo que es cuando nos preguntan?

La libertad de expresión como patología política



Kierkegaard nos brinda esta observación:

"¡Qué absurdos son los hombres! Nunca usan las libertades que tienen, y piden las que no tienen. Tienen libertad de pensamiento y piden libertad de expresión".

Analicémosla:

Los hombres van adquiriendo derechos sociales en la medida en que renuncian a su derecho natural. Así, el derecho a la propiedad privada se consolida y se generaliza con la prohibición de la autotutela del ciudadano, es decir, con el monopolio de la violencia por parte del Estado. Lo mismo puede afirmarse del derecho al pensamiento, que, siendo natural e inalienable en el hombre, es sustituido en la práctica social por la libertad de expresión, con sus límites intersubjetivos. Una tal libertad debe ser organizada por el Estado mediante los oportunos resortes de opinión, esto es, desde la esfera de la eticidad, que anula lo particular del individuo y se convierte en su "télos" objetivo (educación, mass media, mercado laboral, etc.).

De ahí la critica de Kierkegaard, que observa cómo la renuncia a la autodeterminación del espíritu redunda en la individuación engañosa de un sujeto material y espiritualmente oprimido. Parafraseando a Stirner, en un sentido análogo: La libertad de conciencia es la libertad de la Conciencia, pero no Mi libertad; la libertad de expresión es la libertad de la Expresión, pero no Mi libertad.

Los hombres reclaman la libertad de expresión antes de haber hecho un uso reflexivo y consciente de su libertad de pensamiento. Esas dos libertades, pues, no siempre cooperan entre sí, sino más bien todo lo contrario: la una parasita a la otra.

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