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Justicia Geométrica

La justicia está en boca de todos y en la mente de muy pocos. ¿Sabemos lo que es cuando nos preguntan?

La coma y el precipitado

Recupero mi texto más antiguo de entre los que considero dignos de rescate, escrito en la primavera del 2000. Por aquel entonces no habría tolerado que nadie me llamara "cristiano" y menos aun "católico".

* * *

Salud.

Permitidme explicaros una pequeña verdad de cuño sólo en apariencia erudito que no ha mucho me pasó por la cabeza. Si alguna vez habéis estudiado gramática analítica sabréis que en la descomposición morfológica de la oración el artículo se caracteriza por ser aquella partícula que presenta y actualiza al nombre, etc. Me he preguntado qué sentido tiene la creación por parte de los filólogos de un elemento superfluo como lo es hoy el determinante artículo en todas las lenguas derivadas del latín. Creo haber hallado la clave precisamente en el signo de puntuación "coma" ( , ), que, por lo que sé, fue introducido en algún momento de la Baja Edad Media por el monje franciscano o dominico que le dio nombre, Coma, que desde Italia hasta los confines de Europa, se dice, anduvo predicando por las universidades la ganancia de su invento, pasando por no sé qué acusaciones de herejía, etc., etc.

He de explicarme más. El latín clásico no contaba con el recurso de la coma ni tampoco con ningún tipo de "presentador" al estilo del artículo, ya que las palabras se declinaban del mismo modo en que actualmente declinamos los verbos en función del sujeto. No obstante, algunos hablantes de los dialectos vernáculos, caracterizados por una mayor flexibilidad en la dicción, sintieron que el aparato sintáctico de la lengua latina daba lugar en esa contextura a múltiples ambigüedades en la generación de oraciones subordinadas. De aquí el progreso que supuso el hallazgo de Coma, a saber, una más estricta regulación de la lengua a fin de que su tendencial ductibilidad frente a los usos lingüísticos populares no deviniese anarquizante. Pero tal maniobra ha supuesto, como de rebote, que el artículo pierda la primacía en la función diferenciadora, por ejemplo, de una sucesión de nombres en vez de una serie acumuladora de nombres y adjetivos. En efecto, no es lo mismo decir en una lengua no declinada nominalmente (cualquiera entre las romances) "burgués moralista y burro" que, obsérvese el detalle, "burgués, moralista y burro", como formando una tríada. Gracias a la coma, en este caso, el susodicho burgués salva el honor de su género y puede hablarse de clases estratificadas en un mismo contexto social sin que nadie se sienta particularmente vejado ni atacado en su condición. Antes de que la coma entrara en escena la solución de los gramaticólogos era similar, pero harto más ortopédica y delatora de su función clasificativa: "el burgués el moralista y el burro", sentencia que algún pícaro traduciría de la siguiente manera: "el burgués es el moralista del mismo modo que el moralista es un burro", en círculo cerrado y atribuyendo la asnalidad a quien, por jerarquía y para no espantarse demasiado, prefiere ir siempre delante.

Podemos preguntarnos: ¿para qué el artículo? La sustitución de su función a cargo de la coma supuso una utilización más expeditiva del lenguaje, menos retórica en el sentido fuerte y más sumisa al inventariado de cosas "reales" o "tangibles", esto es, un lenguaje cósico y acrítico. Hasta me atrevería a constatar no sin cierta ironía que la supresión del artículo, útil para paliar la vaguedad sintáctica y permitir el desarrollo ulterior de las formas oracionales, nos ha conducido fatidicamente hacia un interés exclusivo por el lenguaje como inventario de "artículos" o mercaderías, transitantes en un comercio mundial chatarrero de máxima fungibilidad. De aquí que la gran proeza ilustrada de reunir a los "artículos" como tales, en escaparates para "todas las palabras" y en un sólo lanzamiento enciclopédico, como si de mariposas disecadas se tratara -hazaña sólo comparable a la invención de la pornografía como reducto icónico no explorado por la "descriptio puellae"- fue sólo a medias revolucionario, dado que con ello se excluyó para siempre a las clases populares de la tarea de la creación de lenguaje más allá del mero argot embrutecedor. La lengua pasaba a ser propiedad de los gramáticos y, en el mejor de los casos, de los poetas, autoproclamados voceros del sentir del pueblo. No es extraño que al XVIII se le haya llamado "el siglo sin novela", como tampoco lo es que la modernidad se haya conformado desde Descartes con una poesía que no quiere ir más allá de las palabras ni expandirse allende de su "significación inmanente". Respondiendo a la pregunta que nos planteábamos al inicio de este párrafo me es lícito concluir sin sesgo que el artículo es un simplificador de géneros (masculino y femenino) de entre los muchos posibles, insigne antigualla de tiempos misóginos que, por sobreextensión de su regla, puede llegar a hacernos creer que la mesa y el botijo hacen buena pareja.

Con todo esto he querido decir que la pérdida histórica de las llamémosles instituciones represivas del lenguaje (como en su día lo fue la forma declinatoria para el latín) conlleva su sustitución más o menos diferida por parte de otros dispositivos de control verbal. La coma y sus subalternos son infiltrados separadores intraoracionales -entre palabras, aislando contactos explosivos- del mismo modo que los puntos lo son desde fuera de la oración que ellos mismos definen. Gracias a ella se producen elisiones sin referencia (la de los verbos copulativos: el burgués es tal, etc. De este modo deja de serlo para convertirse en mera forma) y se altera y precanaliza la significación general de los textos. Éste es el lenguaje de los esclavos. El lenguaje de los amos, el de las órdenes, basado precisamente en la vaguedad de las palabras, tiene una naturaleza ilocucional que supone la intimación prelocucional del interlocutor a hacer "algo". Y es ésta y no otra la tarea de un Foucault y de los dadaístas mismos: la destrucción de la coma, la desocultación genealógica de los elementos de significación negativa, eclipsados por la encorsetada positividad del lenguaje "estándar" o del hombre medio (ver, en el mismo sentido, los surrealistas). Quizá necesitemos al punto para respirar entre frase y frase, pero es igualmente cierto que la coma obstaculiza todo proceso de sincera inspiración -que es reacción entre palabras y articulación inconsciente- y, con ello, también cualquier revolución transvaloradora. Colocar una coma en el justo centro del lenguaje bien puede, y así lo ha hecho, dividir la humanidad en "iguales" y "diferentes" respecto a un paradigma dado (por ejemplo, la ley) y hacer a los "iguales" parecer diferentes o individualizarlos y a los "diferentes" iguales o marginarlos, etc. Tan falsa y manipulable es la noción de felicidad burguesa como la de locura extraciudadana, pero la una depende de la otra en el juego de exclusiones y promociones de que el liberalismo se vale para fomentar el valor decadente de la jerarquía (y en este extremo me remito a Andy Warhol y al serialismo de la cotidianidad). La norma, gestora de toda racionalidad y violencia abandonada por el hombre, crea la asimetría entre individuos de una misma comunidad, haciéndolos actuar como anticuerpos en una estrategia de prolongación de la agresividad por razón de la "clase".

Referencias

Dirección para referencias

  1. [...] coma de goma- de ser superior a los propios actos, etc. Examinemos los efectos de la planificación familiar promovida por el "progresismo" a través de dos casos, uno simple y otro complejo, a los que nos referiremos respectivamente como [...]

    Referencia de Justicia Geométrica hace 3 años y 46 meses

Comentarios

  1. No suelo leerme de corrido ningún artículo de La Red dada, en general, la acumulación de chorradas, repeticiones y autoembelesamientos que la pueblan.
    Pero acabo de quedarme inicialmente enganchada y luego absolutamente impresionada con tu texto. Hacía mucho tiempo que no leía algo tan bien escrito, sentido, con ideas originales y fuera de mercado.
    Gracias.

    Comentario de maria hace 3 años y 47 meses

  2. Gracias, María.

    Es un texto viejo (premiado en mis tiempos de universitario en la Facultad de Derecho), pero veo que aun chuta :-)

    Comentario de irichc hace 3 años y 47 meses


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