Justicia geométrica, moral sexual
Daniel Vicente Carrillo - 20-11-2005 14:29:12 | Categoria: General
Así como una Constitución reparte derechos y deberes hasta formar un cuerpo proporcionado a la esencia del hombre, adecuado a su destino civil, de modo análogo la Naturaleza, de la que toda Constitución es modelo imperfecto, ha tenido a bien legislar sobre nuestros actos y pensamientos por venir, asignándoles recompensas y cargas. 
Si un acto malo posee consecuencias nocivas para el propio cuerpo y para la misma cordura del que lo comete, es porque con ello se quiere evitar que su consumación se extienda indefinidamente. Si un acto bueno cuenta con consecuencias ventajosas en un sentido similar, es para perpetuarlo en el tiempo. Pero todo acto, bueno o malo, posee cargas anejas, ni buenas ni malas, sino necesarias. Las consecuencias se dan siempre a medio o a largo plazo, mientras que las cargas son inherentes al actuar en sí, que representa su condición de posibilidad.
La carga de practicar sexo es tener hijos; la consecuencia de evitar esa carga es la animalización, es decir, la pérdida en el individuo del derecho a la humanidad que ha negado a los todavía por nacer. Suprimir una carga en un acto positivo (como los hijos en el yogar) conlleva sin excepciones, de manera irremisible, una consecuencia negativa que sufrirá el infractor y que purgará antes de reparar en ello. Suprimirla en un acto negativo (como la dulzura en el odiar o la ansiedad en el desear) conduce a una consecuencia positiva.
Luego el celibato debe aprobarse y la masturbación censurarse.
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De lo anteriormente expuesto me basta con que se recoja la idea general, rechazando absurdas derivaciones radicales. Por ejemplo, el imaginar que estoy en contra de la maquinización y del progreso que le acompaña en términos absolutos. Otra cosa sería evaluar los beneficios concretos que reporta a cada individuo como fenómeno global y al margen, pues, de la consideración estricta de sus productos finales, o sea, lo que ha venido denominándose con el sustantivo genérico "modernidad".
Comentario de irichc hace 4 años y 49 meses
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Compleméntese con lo que ya escribí en su día:
El dolor forma parte de la vida: nunca hay vida sin dolor, del mismo modo que sin dolor jamás hay vida. No sólo eso: la raíz del placer y la del dolor es la misma. El dolor sería aquel placer para el que no estamos biológicamente equipados, y el placer es aquel dolor para el que sí lo estamos. Ambas pulsiones, pues, se compensan en cada individuo mediante un intercambio recíproco que las hace soportables, sin que pueda predicarse de ellas bondad o maldad con carácter absoluto.
Ahora bien, sí podemos afirmar sin lugar a dudas que ninguna pasión infinita conviene al ser finito, ya que cualquiera de ellas, prolongada sin mesura, iba a tender a aniquilarlo. Tan nocivo es un placer sin límites como un dolor interminable. Ambos padecimientos, a pesar de ser conceptualmente opuestos, acabarían por destruirnos física y moralmente. Es falso, en consecuencia, que la felicidad consista en aumentar uno en detrimento del otro, como cree el hedonista, o en incrementar ambos por igual, según la pauta vitalista. Placer y dolor, pues, no deben ser dejados al azar, y es preciso que permanezcan en todo momento bajo la tutela equitativa de nuestro ser consciente.
Así como los estoicos intentaron racionalizar el dolor, los epicúreos, a su vez, hicieron lo propio con el placer. Pese a sus diferencias ideológicas -menores de lo que se cree- una y otra doctrina estuvieron de acuerdo en que ninguna pasión es norma de sí misma, de igual forma que ningún cuerpo móvil tiene en sí la causa de su dirección. Por idéntico motivo, un desplazamiento sin obstáculos no cesará nunca, viéndose condenado o bien a vagar eternamente, o bien a estrellarse en un lugar y en un momento concretos. Sigamos la analogía: las pasiones son irracionales (carecen de fines inmanentes), con lo que la fuerza que las limite deberá ser heterónoma con respecto a su propia inercia, esto es, de naturaleza racional e inmaterial, o sea, nuestra alma.
Se acaba de mostrar la necesidad de una moral, sin que se haya especificado de qué moral se trata. Eso equivale casi a dejarnos como al principio. Para salir del atolladero, entonces, preguntémonos cuándo y en qué medida conviene limitar nuestras pasiones. Aceptemos, en primer lugar, que todo acto persigue un fin, para cuya consecución se sirve de medios adecuados. Existen, sin embargo, dos clases de fines, a saber: fines positivos, consistentes en un paso del no-ser al ser, de la potencia al acto (por ejemplo: la sabiduría, obtenida por medio del estudio); y fines meramente negativos, entendiendo por tales aquellos que transitan del ser al no-ser, del acto a la potencia (verbigracia: el descanso, obtenido por medio del reposo). Añádese a esto que un fin negativo no es bueno por su propia virtud, sino como medio de un fin positivo (por ejemplo, descansar para retomar una tarea). Un fin positivo, en cambio, es invariablemente bueno de por sí, sin perjuicio de constituirse en medio para otro fin de naturaleza análoga.
Veamos a dónde nos conduce este hilo. Habiendo demostrado a) que los fines positivos son buenos y b) que las pasiones presentes en los medios (dado que no hay actos puros en las criaturas finitas) deben limitarse hasta cierto punto, se sigue con rigor lógico que: 1) Sólo podremos limitar un medio doloroso cuando el fin que se pretenda con él sea meramente negativo, esto es, la privación de un mal (verbigracia: la cura de una enfermedad a través de una operación quirúrgica). Pues por esta vía no debilitamos la cadena de nuestros actos, sino que nos constreñimos a aislar las causas -o medios- y los efectos -o fines- de la supresión de un no-acto. Y 2) no lo limitaremos, en cambio, cuando dicho medio doloroso y necesario esté orientado a producir un fin positivo, es decir, la actualización de una potencia (por ejemplo: el alumbramiento de un bebé mediante el parto), ya que infringir esta norma general supone desvincularnos particularmente de nuestros actos. Por la misma razón, 3) limitaremos el placer que conlleva un medio cuando el fin al que se dirige sea negativo (verbigracia: dormir para lograr descanso, si éste no se dirige a un fin ulterior) y 4) no lo limitaremos en tanto que el mencionado medio placentero sea necesario para lograr un fin positivo (por ejemplo: hacer el amor para engendrar hijos). Al mantener la coherencia marcada por estos cuatro puntos cardinales logramos ser dueños de una vida con sentido.Comentario de irichc hace 4 años y 49 meses
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¿Qué es un acto malo?
¿Qué es un acto bueno?
¿Cuáles son las consecuencias de cada uno de ellos?
Tener hijos no necesariamente es bueno (ni malo), como todo, es relativo.
Finalmente, la masturbación, como todo acto natural, es sana y aprobable, mientras que la perversión del celibato, como acto antinatural que es, puede y debe ser condenada, por sus efectos negativos comprobados en la psique humana.
Comentario de FC hace 4 años y 49 meses
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¿Qué tiene de malo masturbarse? –se anima a preguntar Woody Allen en la película Sueños de un seductor- “Sólo es hacer el amor con alguien que uno aprecia y conoce desde hace tiempo”.
La actividad de la masturbación es curiosa, las religiones la han perseguido, basta ver cómo es tratado el pobre Onán, y eso que, según la cita bíblica, más parece que trata de una “marcha atrás”, que de un onanismo tal y como lo entendemos. No obstante, ni nos volvíamos ciegos, ni locos, ni crecían pelos en la palma de la mano, ni hemos perdido la memoria.
La masturbación es buena, tanto al final de la infancia, como en la pubertad para autoafirmarse. Incluso en la vida adulta como complemento, con o sin pareja estable.
Es un pequeño acto íntimo de libertad, que no hace absolutamente ningún mal a nadie, no transmite enfermedades, no enloquece a nadie y no produce granos en la cara. Simplemente enseña y da mucho placer. Como dijo alguien, masturbarse es hacer el amor y dar placer a la persona que mas amas en el mundo.
¿Qué ventajas tiene, la perversión del celibato?
Comentario de FC hace 4 años y 49 meses
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Es usted un genio del humor, amigo.
Comentario de surlaw hace 3 años y 45 meses
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Siempre encuentro a un tonto que me ría las gracias.
Comentario de irichc hace 3 años y 45 meses
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Es que no pretendo estar a su altura. Ni Leo Bassi creo que tampoco. Usted descoyunta mandíbulas como la pornografía lo hace con las muñecas, solo que sin traza de inmoralidad.
Comentario de surlaw hace 3 años y 45 meses
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No cuesta mucho imaginarte escribiendo esto con la mandíbula descoyuntada y la muñeca rota. Visto así, tu comentario tiene una disculpa.
Comentario de irichc hace 3 años y 45 meses
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Todos los impíos e insensatos que escriben contra el celibato son unos asquerosos cerdos lujuriosos que lo único que pretenden es justificar sus abominables crímenes sexuales. Estos desgraciados, después de su miserable muerte, irán al infierno. Pero aun están a tiempo de arrepentirse.
Comentario de Cástulo hace 3 años y 43 meses











