Lo nacional en lo democrático
Daniel Vicente Carrillo - 12-10-2005 04:02:15 | Categoria: General
Raza y pueblo remiten al mismo vocablo en griego: "demos". La voluntad democrática no es otra cosa que la afirmación del pueblo o de la raza. Pretender que hay un pueblo anterior al pueblo y una voluntad anterior a su voluntad actual, o que ésta no tiene nada que ver con características innatas y objetivas (nación: refugio de los que nacen), sino con las efusiones libres de la tradición y la cultura es una falacia de gran calado que acarrea serias consecuencias políticas.
El sistema de la democracia encuentra fundamento tanto en la razón natural común a la especie, cuya expresión ejemplar figura en el Estado de Derecho, como en la raza o territorialidad aneja a los individuos bajo un mismo gobierno soberano, democrático o no. Éste se autodeterminaría por su propia virtud a constituirse como tal, es decir, en democrático "ex novo", con cambio de Constitución, o a perseverar formalmente en lo que ha venido siendo. Siempre, claro está, que "ex post", a través de reformas legislativas si es conveniente, supusiera un título de legítima representatividad en los mandatarios, posibilitando su control regular, y ofreciese garantías jurídicas mínimas a los representados. Entonces podría llamarse democrático, incluso no siendo más que una carta otorgada.
La democracia, en contra de la opinión difundida por los apóstoles de las esencias y del diálogo entre civilizaciones, dista mucho de ser universal (ni siquiera exige un sufragio de esas características), pues se extiende con carácter exclusivo a los ciudadanos que pueden gozar de sus libertades sin cortapisas, no así a los extranjeros o a los reos.
El error inverso al uso imperialista del concepto, su versión localista, consiste en imaginar una voluntad suprahistórica que fija en primer lugar lo que es históricamente acatable, cuyo consenso va a limitar de manera absurda la soberanía de dicho país en caso de que la tuviera o, en su defecto, la parasitara. A continuación otra voluntad, esta vez político-institucional, fundada en el anterior "hecho constituyente", y por tanto resguardándose en títulos hasta cierto punto inauténticos, señalaría lo que es individualmente correcto, esto es, democrático. En último término parte del pueblo, que encarna el tercer tipo de voluntad: la aseverativa, acaba sancionando y haciendo suya la voluntad mística mencionada al comienzo, con lo que el círculo se cierra. Luego de él tienen que quedar fuera (o sufrir una minoración "de facto" y gratuita en su "statu quo" primigenio) todos los que no se plieguen a esa interpretación sospechosamente intencional de los hechos pasados.
Un historiador honesto dirá que cualquier gran acontecimiento en el tiempo tiene consecuencias positivas y negativas en el variado espectro afectado por su alcance. Pero, por raro que resulte, el historiador nacionalista, desde el subjetivismo holístico, pondera los eventos para que, en lugar de a muchos, afecten a un solo ente abstracto -"la nación"- que siente y padece por todos. Si este vicio hermenéutico se contagia a la esfera pública, se imposibilitará que uno pueda hablar con propiedad y sin engaño de nación en sentido clásico, ya que una nación ideal es una nacion invisible, disponga ésta o no de Estado independiente.
Para finalizar, propongo las siguientes tesis:
1) No existe Estado sin nación verdadera, ni verdadera nación sin Estado.
2) La democracia es la decisión del Estado orientada a crear electores periódicos para que, a su vez, éstos determinen los cargos electos.
3) Una nación no debe ser forzosamente democrática, pero toda democracia es necesariamente nacional.
En síntesis, la democracia es una decisión del Estado para que los ciudadanos electores decidan cómo debe decidirse la historia. No es una decisión de la historia para que los ciudadanos no electores decidan cómo debe decidirse el Estado.
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Añado al margen:
Se pretende corregir una injusticia, la del supuesto acaparamiento de infraestructuras por la Comunidad de Madrid, con otra, que consiste en que Cataluña repita la jugada por su cuenta. Se hace oídos sordos a que en realidad se estaría doblando el agravio para el conjunto de España, en lugar de paliarlo.
La distorsión todavía es mayor cuando el planteamiento es formulado en términos cuantitativos, de recaudación, y se obvian en cambio las aplicaciones de esos fondos, otorgándoles desde el cinismo patriotero un valor en sí y casi se diría que simbólico. Al menos hasta hoy la solidaridad entre regiones -con sus vicios probables, pero dudosamente "intrínsecos", como pretenden los desertores fiscales- funcionaba razonablemente al margen de la voluntad de los gobiernos, en base a la ley y al consenso. Ahora bien, suponiendo que el Estatut se apruebe en las Cortes, ¿de qué manera se garantizará la cohesión territorial de forma estable, si ésta pasa a ser potestativa en manos de facciones localistas?
Admito que es una propuesta audaz, aunque deba fracasar. No se queda ya en el simple desafío secesionista o en la ficción jurídica de la voluntad política de un "pueblo", cabeza de turco, esgrimida eventualmente por la demagogia aglutinante. Va más allá, a los cimientos mismos: al fundamento económico de la nación española, que a cierta clase de politicastros interesa sea inexistente, mera máquina a la que no se debe nada, de diálogo ficticio y preprogramado, para cuya manipulación no se precisa más que astucia táctica y un frío sentido de la oportunidad.
¿Y la parte lírica de las grandes definiciones nacionales y los ampulosos prólogos estatutarios? Entrará en funcionamiento cuando esa nación inexistente, España, deje de ser solidaria y, en consecuencia, cese de existir. Entonces la poesía catalana se volverá prosaica, hasta maquinal...Comentario de irichc hace 2 años y 34 meses











