Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Justicia Geométrica

La justicia está en boca de todos y en la mente de muy pocos. ¿Sabemos lo que es cuando nos preguntan?

La destrucción del matrimonio-II

El lobby gay y la heterosexualidad degenerada (la homosexualidad siempre lo es) quieren que el sexo sea algo indiferente, neutro, relativo, convencional, intercambiable. Pero el sexo es algo más que echar una cana al aire. En cierto modo es la esencia del hombre, tanto del vulgar y sensual como del extraordinario y espiritual. Ambos se definen en base a su relación con el sexo, sea ésta inercial o racional, obvia o problemática. Negar esta condición constitutiva del sexo es negar al hombre y convertir la humanidad en una especie animal más. Con la diferencia de que, para colmo, se la condena a la más vergonzante y egoísta de las extinciones en el altar de la lujuria.



Los homosexuales tienen un vicio por su condición, pero no pecan si no consienten a él. Absolutamente nadie puede ignorar por tiempo indefinido las tendencias viciosas, y ningún mortal está libre de pecado. Ahora bien, ¿qué pensaríamos de un obeso que intentase elevar la gula a la categoría de privilegio civil? Una cosa es respetar a los homosexuales y otra muy distinta es asumir los postulados de los gays, rendirse a la bajeza.

Antes he dicho que el sexo, como valor psicológico, es la esencia del hombre, ya que no hay manera de sustraerse a él mientras se está vivo. Sin embargo, el sexo como valor moral aislado y hedonista es voluntad de descomposición, de desintegración y de vacío. Es una protesta contra el peso de la existencia. Se opone, entonces, al amor, del que resulta lo contrario: la voluntad de unión, de integración y de lleno, la afirmación de la vida.

Un monstruo no es tal por su carácter improbable, es decir, por la parvedad de casos de su tipo, pues, si así fuera, también serían monstruos los seres excepcionales, Jesucristo a la cabeza. Ahora bien, el fenómeno monstruoso se da cuando un ser está dotado de órganos o facultades que no corresponden a fin alguno, como por ejemplo, tres ojos en un mismo rostro (que rompen el eje de simetría de la visión), la bicefalia (que impide ejercer autónomamente el control sobre los miembros) o la atracción por personas del mismo sexo, destinada a eliminar el amor de la faz de la tierra, como preámbulo macabro a la desaparición de la raza humana.

Primero fue el amor sin descendencia ("libre"), luego el amor sin compromiso (al que habría que llamar "libérrimo"). Ahora sólo queda el "amor" sin amor, entiéndase, la cópula libertina, esgrimiendo el mero goce escatológico del propio cuerpo en perjuicio de cualquier otra consideración. Hay heterosexuales que "aman" así, pero no están obligados a hacerlo. La institución jurídica del "matrimonio homosexual", por contra, crea un modelo que desecha cualquier forma de relación que no sea la fundada en el banal interés erótico y en la indiferencia sádica.

No puede haber comunión de ideales ni afirmación de la vida (esto es, familia) desde la perspectiva de la caducidad, como tampoco puede darse la amistad desde la instrumentalización sexual del otro ("Para considerar a una mujer nuestra 'amiga' sería preciso que nos inspirase alguna suerte de antipatía física", dejó escrito Nietzsche). Los homosexuales degradan el amor, rebajándolo hasta el nivel de la amistad, para acto seguido arruinar la amistad, encerrándola en la mazmorra del sexo.

Y bien, el origen de la homosexualidad es en buena parte sociológico, a saber: una mala disposición del padre para que el hijo se identifique con él. Y como el error engendra error, de familias malas pueden salir familias peores y hasta antifamilias o pseudofamilias. ¿Cuál es el quid del descalabro? Una sociedad débil, egoísta e individualizada daría lugar a esta clase de fenómenos de otro modo inexplicables.

Hoy los jacobinos, antes iusnaturalistas, olvidan la frontera que el mismo Parlamento inglés se autoimpuso: "La ley lo puede todo, excepto convertir a un hombre en mujer".

La medida legislativa que se comenta no ha sido acordada por ser un avance en materia alguna, sino por resultar electoralmente sabrosa. No se ataque, pues, a la Iglesia, que siempre dijo lo mismo: atáquese al partidillo que desde su fundación hasta la fecha ha tardado 125 años en reconocer y proclamar un "derecho inalienable", como parece al fin que lo es el concubinato homosexual. Mas adelantemos algo de teoría.

El buen Estado debe reconocer los máximos derechos, que son finitos y consustanciales, y al menos garantizar las libertades, infinitas y de carácter accidental, en tanto que éstas no frustren a los primeros. Es de notar que los derechos se complementan mutuamente (al integrar la noción de hombre), mientras que las libertades de signo contrario (que constituyen al individuo) se limitan recíprocamente. Los derechos, a su vez, constriñen las libertades adversas a su realización, pero ninguna libertad, ejecutada para el caso, puede disminuir un derecho en general reconocido.

Visto esto, pocos negarán que el trocar una libertad en derecho positivo "erga omnes" equivale a debilitar por un tiempo indeterminado todas las libertades y también todos los derechos naturales que se le oponen (verbigracia, el derecho a la familia). Aquí se une el inconveniente de que con ello no se protege nada duradero que justifique tal gravamen, quedándose la cosa en un mero refrendo "a posteriori" de la voluntad de Zutano y Mengano, privadamente respetable, si bien inútil y redundante en lo público. El individualismo institucional, además de ser una suerte de oxímoron, empobrece la dimensión del hombre.

Un Estado que garantice todos los derechos será o bien perfecto, si los armoniza con la libertad, o bien tiránico, si no lo logra. En adición, un Estado que reconozca todas las libertades se destruirá a sí mismo, convirtiéndose en anarquía. Por último, el que sólo reconozca parte de ellas cederá una fracción de su soberanía a grupos de poder, cual oligocracia.

Las parejas estables gays, las poquísimas que hay y que habrá, no dan nada a la sociedad, luego la sociedad no les debe nada en tanto que parejas. Ello aún sin entrar a juzgar su aptitud moral, que, por supuesto, también se discute.

El amor, en efecto, es la unión perpetua (o así pretendida) de dos seres y, en el caso de hombre y mujer, unión en cuerpo y espíritu. "Que sean una sola carne": cualquier otra definición lo desvirtúa. Así pues, el amor erótico, a diferencia del amor intelectual o místico, implica que esa perpetuidad se extienda al cuerpo mediante la descendencia. Y no puede decirse que el "amor" entre homosexuales sea místico, pues es carnal. Entonces, al carecer de fines carnales, es falso amor erótico, es mera lujuria y sometimiento a las pasiones, lo cual -si bien no basta para incapacitar o desacreditar a nadie- tampoco debe conceder derechos de más.

La sodomía no tiene ningún fin, ni próximo ni remoto, que no sea la obtención de placer, implícita de por sí en cualquier acto. Rascarse un brazo -se me contestará- tampoco cuenta con fines adicionales, y no por ello entra en la categoría de lo anormal o deforme. Pero nadie consagra una parte importante de su vida a rascarse, ni aspira a edificar algo superior a partir de este fundamento. Por ello es un abuso crear instituciones jurídicas "ad hoc" que, más allá de la protección contractual, amparen derechos inexistentes, como el que puedan tener los zurdos a trepar escaleras violetas. Máxime cuando tales prerrogativas individuales se oponen a derechos inalienables de la sociedad, por ejemplo, el de fundar una verdadera familia.

Pero advirtamos este extremo: El matrimonio civil es el sometimiento del otrora compromiso eterno a la contingencia contractual, la permuta de la fidelidad de dos por la voluntad condicional de uno y otro. Sólo hay un auténtico matrimonio: el que nace queriendo durar para siempre; sólo Dios puede refrendar pactos incondicionales, indisolubles en sí y superiores a todo albedrío una vez consumados.

Si el matrimonio civil moderno ha logrado prosperar ha sido dado su parasitarismo con respecto al católico, empezando por el nombre. A pesar de ello, ha supuesto una brecha en la noción sacramental de la familia, que ahora se concibe con los trazos pragmáticos de una sociedad en comandita. No es extraño que ya muchos vean en esa versión descafeinada y falsa de matrimonio, y por extensión también en el matrimonio católico, un "papeleo inútil", prefiriendo a cualquier vínculo formal la ausencia completa de sujeción, el mero estado de facto, la idílica beatitud primitiva.

Viene entonces cuando, en un ataque de inconsecuencia, "el pueblo", el atolondrado pueblo, exige que se legisle sobre las parejas de hecho porque la razón natural y la "igualdad" lo requieren. Salimos, pues, de una regulación para caer en otra. ¿Con qué cometido? Protegernos de nuestra propia voluntad, aunque lo hagamos de manera artificiosa mediante la ley, que imaginamos no impuesta, sino emanada de nuestras conciencias.

El "matrimonio homosexual", en fin, es un paso más en este montaje metafísico-jurídico, nacido para despojar al hombre de sus responsabilidades irrenunciables en favor de un Estado omniabarcante, cuyo proceder no debe cuestionarse ni siquiera en el fuero interno. Se trata en definitiva del sueño de un déspota como Napoleón (impulsor del Código Civil), perpetuado en el ideario fáustico del ateo.

Además, el placer sexual es una pasión y, por consiguiente, carece de fines propios. Los homosexuales no reinvindican el derecho al amor -eso iba a ser como reinvindicar el derecho a la alegría: una estupidez-, sino al placer. La capacidad de amar no puede regularse de forma directa, pues es de naturaleza interna. Sólo se regulan los actos externos, a saber, la consecución de una descendencia, a cuyo núcleo afectivo llamamos familia, o en su caso, la búsqueda del mero goce, a la que nos referimos como concubinato. La homosexualidad queda forzosamente reducida a este último supuesto.

El sexo es siempre promiscuo, el amor es su némesis, que le pone freno. Y el amor necesita un cauce o fin permanente para no extraviarse ni agotarse demasiado pronto. Así pues, el "amor homosexual", aun si existiese, cosa que niego, no tendría nada que ver con el matrimonio, al no contar con fines naturales.

Los gays reclaman el derecho al matrimonio para escarnecer el amor y, mediante su marginación, parecer ellos menos enfermos. Se intenta dar una solución sociológica a un problema a la postre psicológico, arrastrándose a todo el cuerpo social en una caída en picado hacia la animalidad.

No podemos proseguir sin esbozar una caracterización de nuestro objeto de estudio. Las características del amor son tres:

1) Ánimo de perpetuidad

2) Intención de reciprocidad

3) Suficiencia

Cuando se cumplen las tres se da el amor en cualquiera de sus vertientes: consanguíneo, erótico o místico, de menor a mayor sublimidad.

La condición del amor consanguíneo, el más terreno, no puede perderse nunca, ya que es innato. Basta, en efecto, con que se den relaciones de parentesco lo bastante notorias como para permanecer en la conciencia del amante. No es de extrañar que sea también el afecto más común entre los hombres y el primero en manifestarse.

El amor erótico está a medio camino entre lo innato y lo gratuito, entre lo pasivo y lo activo. Su condición es la unión carnal: no admite separación definitiva y exige su símbolo de perpetuidad en la progenie. De otro modo resulta imperfecto, inacabado. Depende tanto de la propia voluntad como del azar del encuentro y del equilibrio de las potencias de los individuos en que se da.

El amor místico no se adquiere por nacimiento ni por voluntad, sino por irradiación. El deseo que lo alimenta es puramente intelectual, sale fuera de sí y se une por el vértice infinito de la fe.

Veamos ejemplos de amor bastardo:

a) Un caso donde se cumple 1 y 2 pero no 3 es, por ejemplo, el de la poligamia, en la que ninguna relación forma un vínculo completo, sino que todos los conatos de vínculo se unen en una masa acéfala.

b) Si se verifica 1 y 3 pero no 2, topamos con el fetichismo y toda clase de idolatría en la que no podemos ser correspondidos, al tratarse de una entrega unilateral, solipsista y enajenada.

c) Supuesto típico en el que se dan 2 y 3 pero no 1 es la homosexualidad, que renuncia por principio a la descendencia, el único modo de perpetuación carnal. Y si intenta solventar esto por otros medios externos (v.g., la adopción), entonces deja de cumplir 3 y sale de un fraude para caer en otro.

d) Cuando se cumple sólo 3, obviándose 1 y 2, nos hallamos ante un vicio que se autoconsume en su propia pasión, pero no pretende durar ni ser correspondido.

e) La situación por la que se cumple sólo 2, obviándose 1 y 3, retrata un mero ejemplo de seducción sin más pretensiones.

f) Por último, un caso donde se verifica sólo 1, obviándose 2 y 3, expresa el amor intelectual que el artista tiene para con sus obras, que ni espera ser correspondido ni es autosuficiente, pues toda creación exige un código y una materia donde plasmarse.

En resumen:

1) El "amor homosexual" es un acto natural (la cópula) carente de fines naturales (la reproducción).

2) Todo amor busca unir a perpetuidad (el amor entre madre e hijo, padre e hijo, etc. no busca unir a perpetuidad, porque ya nace unido por el parentesco), pero el "amor homosexual" no sólo no lo logra, sino que no puede lograrlo desde sí mismo.

3) Luego, o bien el "amor homosexual" no busca unir a perpetuidad, o bien lo busca sin fruto.

4) Si no lo busca, no es amor.

5) Ahora bien, si lo busca sabiendo que no puede lograrlo, también es engaño.

6) Ergo, se elija lo que se elija, aceptadas las premisas, el "amor homosexual" sólo impropia y arbitrariamente puede llamarse amor.

7) Y, si no se aceptan las premisas, entonces llámese amor a cualquier entretenimiento pasajero, con lo que se demostrará que, para conseguir semejante cometido, se tuvo que vaciar el concepto, tal y como se entiende de ordinario.

Con lo cuál cabe preguntarse: ¿qué distingue el amor de la amistad?

El amor, como se ha dicho, tiene tres requisitos: ánimo de perpetuidad, intención de reciprocidad y suficiencia. Si reúne los tres, es amor perfecto, ya sea en grado familiar, erótico, altruista o místico. Vale para las cuatro categorías, y eso es lo que se le debe exigir a toda definición solvente.

El amor es el afecto máximo al que puede llegar el hombre, pero a su vez se incrementa según la dignidad del objeto al que va dirigido y el grado de contingencia del acto de amar. Cuanto más contingente, tanto más sublime. Así, el amor del parentesco es el más bajo, porque no se elige en absoluto, sino que viene dado necesariamente en cualquier hombre desde la cuna; el amor erótico es intermedio, porque, pese a ser libre, viene impulsado por la inercia sexual; acto seguido, el amor altruista o caridad es el que menos condicionantes tiene; el amor místico, por último, es el más contingente, ya que resulta totalmente gratuito.

El amor, pues, en cada uno de sus ámbitos, es el afecto que reúne esas tres características. A la amistad, en cambio, que es más débil, le bastan sólo dos: la intención de reciprocidad y la suficiencia.

Ninguna amistad se plantea como perpetua, incondicionalmente. La amistad es la comunión de ideales, y se pierde cuando ésta desaparece. Nadie suele salir traumatizado por ello: es lógico que suceda, y así como se ha creado se destruye, habida cuenta de que está esencialmente subordinada a los vaivenes de la ideología.

Sin embargo, el verdadero amor no sucumbe ante la pérdida de belleza o frente al decaimiento de cualquiera de los atributos que, al margen de los expresados en mi definición, pudiese tener.

Entonces, ¿por qué el sexo con un amigo degrada y desvirtúa la amistad? ¿No es éste un elemento de perpetuación no sólo material, sino también emocional? Sin duda. Ahora bien, el problema del sexo en el hombre, ser escindido, es que puede implicar una perpetuación física en la descendencia y emocional en la conciencia, pero sin sentimientos de afecto duraderos, ordenados a fines, que creen una comunión de almas. El soporte ideológico de la acción cede, pues, ante el biológico de la pasión. De este modo se arruinaría la amistad y el amor por el mero hecho de copular con aquellos a los que llamábamos amigos. Es el defecto espiritual de la promiscuidad, que busca siempre mezclarse con lo más bajo, en lugar de formar una unidad superior.

También se da una dificultad análoga cuando hay en conato perpetuación emocional y sentimiento duradero, pero imposibilidad física absoluta de perpetuar nada. En este caso la amistad, que es intelectual, también queda corrompida y el amor, que integra una dimensión carnal, burlado. Es el defecto de la homosexualidad y de toda especie de filia erótica. Pero, al progresar el ser humano desde lo sensual hasta lo inmaterial, de lo tangible a lo intangible, hallamos que cuando se da esta carencia es prácticamente necesario que se dé la de la promiscuidad, que representa la imposibilidad de humanizar la vida.

El amor puede comprender la amistad, es decir, la comunión de ideas, pero ello no es así necesariamente. Por eso hablamos a veces de amores imposibles, aunque amores, al cabo.

No os engañéis: amistad y amor sólo se distinguen por la nota de la perpetuidad. Una amistad que se quiera perpetua es amor, y un amor de simulacro, sin vocación de permanecer, no es más que una instrumentalización sexual de la amistad, que en un supuesto típico depende de las ideas, no de la líbido.

El amor de los homosexuales no tiene vocación de permanecer, y ello no es una casualidad, ya que es un amor naturalmente estéril. No tiene que extrañarnos que en la mayoría de casos también sea sentimentalmente estéril, salvo quizá para los que creen en la total independencia del espíritu sobre el cuerpo, los mismos gnósticos que han sido vomitados por la filosofía y por la historia.

La amistad sólo tiene carácter de suficiente cuando depende de las ideas, que son intrínsecas al hombre. Pero cuando se sostiene en factores externos no es suficiente ni tiene ánimo de perpetuidad. Es una asociación de conveniencia que, de manera eventual, provoca una relación de afectos simpáticos con carácter mutuo.

Pensemos, para finalizar, en la forma más baja posible de afecto hacia otra persona, lo que vendría a ser un anti-amor. Hagamos que las tres propiedades antes mencionadas se contravengan por completo; imaginemos un sentimiento que no quiere perpetuarse, ni ser correspondido, ni es buscado por sí mismo.

Las prostitutas, por ejemplo, rechazan la descendencia, no les interesa lo que sus clientes sienten y no buscan la unión sino por dinero o placer. Añado que el placer no es un fin, pero sí puede serlo el incremento del placer, no obstante sea un fin sin bordes, una suerte de nirvana o disolución del yo.

Observad que el llamado amor entre homosexuales es idéntico al amor de las prostitutas: no quiere perpetuarse carnalmente, porque sabe que es imposible; no les interesa el afecto del otro, ya que ellos mismos tampoco lo sienten; por último, una vez que el amor ha sido excluido, sólo pueden buscar la unión por algún motivo distinto, que hace de su relación algo deficiente y dependiente; lo que solemos llamar un vicio, como beber o drogarse.

O, en términos más esquemáticos:

1) No hay perpetuidad real posible, ergo tampoco intención consciente de perpetuidad;

2) No hay amor por parte propia (ya que falta al menos uno de sus elementos), luego tampoco se espera recibirlo del otro; y

3) No hay un afecto autónomo, que se baste a sí mismo, sino un afecto subyugado a una pasión, una racionalización, en definitiva.

De lo que se concluye que la homosexualidad no es una carencia simple, sino múltiple y en efecto dominó, que repercute en todo el ser.

Ahora el único freno contra la poligamia es la "dignidad de la mujer", que se esgrimiría como indisponible frente a aquéllas a las que no les importase compartir marido. Pero parece que a nadie le preocupa la dignidad de la familia. Es hipócrita: permitimos uniones contra natura, minoritarias en nuestra sociedad, y les negamos a los inmigrantes sus uniones tradicionales que, siendo incorrectas, al menos no carecen de fines.

Debo insistir: los gays no buscan ser naturalmente iguales que el resto de parejas, porque es imposible, ya que su condición física y espiritual se lo niega. Buscan que esas parejas sean iguales a ellos: eso sí es posible, y la ley aquí es sólo un instrumento para perpetuar esa práctica marginal. Por lo común la ley reafirma la costumbre generalmente aceptada; en España se ve que también nace para negarla y pervertirla a golpe de chantaje moral.

No deja de ser sintomático el que muchos se hayan tomado a modo de cruzada la invención de derechos, queriendo dotar de una dignidad especial a quien de por sí no la tiene. Como el que maquilla a una rana.

Sólo hacer notar que el "amor homosexual", como el supuesto amor de los animales, carece de fines conscientes o inconscientes. Con la misma autoridad con que hoy se casan hombres con hombres y mujeres con mujeres, podrían "casarse" caballos con yeguas y hasta yeguas con novillos, amparándose la extravagancia en la libre voluntad del campesino. Ahora bien, el consentimiento sin derecho no obliga a terceros, pues es pacto entre criminales; y España y Portugal bien pueden dividirse el mundo en Tordesillas, que el mundo seguirá su curso.

Referencias

Dirección para referencias

  1. [...] aquí) y mi respuesta genérica a los argumentos que en mi juicio componen el núcleo de las objeciones que él y otros hacen a este tipo de enlaces. Los escritos de Irichc están repletos de contumaces falacias que, aún siendo desveladas y [...]

    Referencia de Diálogos con Roca hace 3 años y 48 meses

Comentarios

  1. Historia Sexual del Cristianismo

    100 e.c. - 385 e.c.
    • El Imperio Romano aparentaba ser vibrante pero estaba cediendo a una nueva religión ...el cristianismo. Roma se precipitó al altruismo y al ascetismo.

    • Los paganos romanos empezaron a perseguir a aquellos cristianos que se convertían en fanáticos altruistas y que usaban cualquier medio para alcanzar sus metas de destruir los aspectos productivos y enaltecedores de la vida que tenía la civilización romana. Esos cristianos neo-estafadores tenían el doble objetivo de extirpar los placeres de la vida humana y también el alto nivel de vida disfrutado por los romanos. (Algunos cristianos, sin embargo, formaron grupos anarquistas fuertemente entrelazados para lograr una efectiva resistencia y protección de la opresión ejercida por el burocrático gobierno romano.)

    385 e.c. - 1000 e.c.

    • Ascenso de los ascetas desaliñados ("hippies") en Egipto. Basado en la negación y auto-tortura cristianas (por ejemplo, San Simón).

    • El cristianismo descubrió una ruta rápida, neo-estafadora hacia el poder--el endilgarle culpabilidad a los productores inocentes. Como un símbolo unificador efectivo, ellos encontraron, y lo elevaron al nivel y estado de mártir, a un oscuro individuo histórico, quien había muerto hacía tres siglos. Este individuo era un "hippie" analfabeta, alucinante e improductivo que vivía a costa de un grupo de seguidores místicos. Su nuevo símbolo se llamaba Cristo.

    • Los cristianos se preocuparon más que nunca con el sexo a medida que combatían contra la lujuria (por ejemplo, quemando los dedos para resistir la tentación). Levemente soslayado, el eroticismo neurótico consistentemente creció dentro de la iglesia.

    • San Agustín (nacido en 354 e.c.) promovía la culpabilidad a través de sus libros: (l) Confesiones - Auto-acusaciones de su juventud pagana y lujuriosa. El se convirtió en cristiano en el año 386 e.c., entonces ganó poder mediante la neo-estafa al usar la culpabilidad odiosamente para volver la benevolencia y los placeres del hombre en contra de sí mismo. El sostenía que todos nacemos entre el excremento y la orina. (2) La Ciudad de Dios - Su obra principal, especula cómo los bebés podrían nacer de mujeres "no corruptas por la lujuria y el sexo." Demuestra un apasionado odio a la vida humana. San Agustín se convirtió en un experto neo-estafador al conseguir respeto y poder creando problemas donde no existían y entonces, destruyendo valores (en vez de crearlos).

    • Por el año 585 e.c. Ios católicos argumentaban que las mujeres no tenían almas mortales y debatían si las mujeres eran seres humanos.

    • Por el Siglo V el matrimonio pasó a estar bajo el dominio de la iglesia.

    • El descenso hasta la Edad del Oscurantismo coincidió con el ascenso del cristianismo. Desplomándose bajo el dominio estrangulador del cristianismo, la Roma del Siglo Vl fue repentinamente devastada y saqueada. Una población de un millón fue reducida a cincuenta mil. La ciudad quedó en ruinas y escombros. El Senado cesó por falta de hombres calificados y competentes. La higiene, la ciencia y la cultura de Roma fueron abandonadas a medida que el cristianismo iba cobrando fuerza.

    • El sexo fue reducido por el cristianismo a un acto poco romántico, áspero, feo, con penitencia fácil e hipócritamente impuesta a los hombres cuando era requerido. Las mujeres pasaron a ser piezas de propiedad disponible.

    • El clero y los Papas procuraban las prostitutas y el sexo neurótico. (El Papa en el año 904 e.c. practicaba incesto y era un libertino con los niños.)

    • Alrededor del Siglo IX el cristianismo dominaba. Las mujeres eran consideradas propiedad de los hombres. La iglesia sancionaba el que un hombre azotara a su esposa. Los hombres eran solamente multados por la iglesia por matar las mujeres. Los nobles tenían el "derecho natural" de raptar cualquier mujer campesina que estuviera en el camino y de desflorar a todas las desposadas de sus vasallos.

    • Para el clero católico, el sexo sin valores (por ejemplo, el sexo de prostitutas, el sexo de orgía, hasta la violación forzada o el sexo sadista) no era ofensa seria, pero el sexo con valores (por ejemplo, amar o valorar a una mujer) era un grave pecado con severas penalidades.

    • San Jerónimo sostenía que aquel que muy ardientemente amara a su esposa era un adúltero.

    • El sexo conyugal cristiano era ejecutado sólo en una posición y solamente para concebir un hijo. El sexo nunca se podía practicar durante la penitencia ni los domingos, miércoles, viernes, ni en épocas festivas.

    • El principal pecado cristiano no era el sexo, sino el placer.

    1000 e.c. - 1500 e.c.

    • El amor cortesano reflejaba felicidad y contradecía la malevolencia de la religión. Los miembros de la iglesia temían y combatían el amor cortesano (por ejemplo, Santo Tomás sostenía que besar y tocar a una mujer con deleite, aunque fuera sin pensar en fornicación, era un pecado mortal).

    • La lucha era entre la religión opresiva y el libre-pensamiento renacentista. También estaba la lucha entre el poder papal y las nuevas ideas aristotélicas.

    • En los 1300, un oneroso y nuevo interés en la brujería y el exorcismo comenzó a parecer en la iglesia. Los sacerdotes tronaban contra los poderes malignos de mujeres que formaban pactos sexuales con el diablo.

    • Por el año 1450, la dicotomía era completa y la iglesia católica estableció el dogma de que todas las mujeres físicamente deseables eran brujas malvadas. La iglesia estaba perdiendo su poder y esta era su manera de combatir el redescubrimiento del deleite humano hecho posible por el emergente Renacimiento.

    • Los nobles del Renacimiento en el Siglo XV igualaban la belleza con el bien. Para contrarrestar esta tendencia hacia el bien y la belleza la iglesia atacaba mediante el Papa. La iglesia católica desarrolló una nueva raza de malefactores neo-estafadores no conocidos anteriormente... Ios inquisidores, quienes estaban respaldados por una serie de pronunciamientos y chácharas papales. El Papa designó dos teólogos (Jacob Sprenger y Henry Kramer) para que actuaran como inquisidores. Sprenger y Kramer escribieron un libro muy influyente sobre los "males" de las mujeres y la brujería. Ellos proponían que las mujeres "malas" debían ser colgadas por los dedos de las manos retorciéndole sogas alrededor de la cabeza; sugerían meterles agujas debajo de las uñas y derramarles aceite hirviendo en los pies, con la esperanza "devota" de obligarlas a que confesaran su "maldad". Esto condujo a la muerte en la hoguera a decenas de miles de mujeres inocentes durante el Renacimiento.

    • Contracorrientes y contradicciones: la "dama ideal" que el feliz espíritu Renacentista proyectaba y la "bruja malvada" proyectada por el malévolo espíritu de la iglesia.

    • El Rey Enrique VIII fue la primera figura principal que combinó el amor y el matrimonio. El tuvo una larga batalla con el Obispo Wolsey y el Papa Clemente VII en cuanto a su divorcio y subsiguiente casamiento con Ana Bolena.

    • La ilustración e instrucción del Renacimiento hizo que el sexo no pareciera tan pecaminoso y desagradable como la iglesia insistía que era. La clase media comenzó a asociar el sexo con el amor.

    1500 e.c.-1700 e.c.
    • La Reforma combinó el instruido Renacimiento (por considerar que el sexo en el matrimonio es sano y libre de culpa) con la malévola posición cristiana que continuaba quemando a las mujeres por considerarlas brujas.

    • Martín Lutero combatió el ascetismo católico abogando por el deleite de cada placer que no era "pecaminoso". Lutero vivía de una manera lujuriosa de "comer, beber y ser feliz". Luchó contra Roma y consideraba que el celibato había sido inventado por el diablo. Insistía que los sacerdotes se podían casar y que el matrimonio no era de ninguna manera un sacramento, sino un asunto civil. Lutero aseguraba que los impulsos sexuales eran tanto naturales como irreprimibles. El rompió con Roma y se casó con una monja. Alegremente amaba a su mujer y sostenía que el sexo placentero era bueno en el matrimonio. La Reforma de Lutero rápidamente se propagó por el norte de Europa.

    • Juan Calvino (el padre de los puritanos extremistas conocidos como "bluenoses") era lo opuesto a Martín Lutero. Calvino era amargo, malévolo y tenia una teologia feroz basada en la depravación humana y en la ira de Dios. Era un asceta infeliz que tenia úlceras, tuberculosis y padecia de piedras en los riñones. El consideraba que la vida tenia poco valor. Calvino estableció una teocracia brutalmente estricta en Ginebra, en la cual no se permitian los bailes, la ropa elaborada ni las joyas. Se impuso la pena de muerte por adulterio. Hasta el amor legítimo estaba austeramente regulado. Los compromisos y noviazgos estaban limitados a seis semanas. No se permitia ninguna prolongación del romance. Las bodas eran sobrias y sin festejos. El matrimonio calvinista tenia dos funciones: (l) producir niños, y (2) reducir los deseos sexuales.

    • No obstante, la mayoria de los puritanos eran muy distintos a la inhumana infelicidad de Calvino, a excepción de varios fanáticos elocuentes, como John Knox, en Estados Unidos. Sus "blue laws" (leyes puritanas) de los años 1650 estaban en contra de las diversiones, el fumar, el beber, la ropa elaborada y los juegos en que se apuesta dinero. El promovia los azotes públicos, el uso de estigmas, como la "letra escarlata", la ejecución de los adúlteros y las ejecuciones de las brujas en Salem, Massachussetts (ejecutó a 26 mujeres y a dos perros en 1692).

    • Las caracteristicas puritanas antiguas eran principalmente expresiones austeras que encubrían travesuras y romance. Los récords de los juicios de la iglesia demuestran que existía mucho "pecado". Pero solamente atacaban el sexo fuera del matrimonio. Los puritanos favorecian mucho el sexo dentro del matrimonio y condenaban el concepto de que la virginidad es virtuosa. La mayoria de los puritanos eran tiernamente románticos y buenos amantes.

    • La imagen del puritano carente de sexo y con un corazón de piedra es falsa. Por ejemplo, el puritano del Siglo XVII, John Milton (que escribió Paraiso Perdido) proyectaba una visión sana del sexo conyugal. El presentaba opiniones idealistas y románticas del matrimonio. Además Milton envió folletos al parlamento abogando por el divorcio fácil al modo moderno. La obra Paraiso Perdido, de Milton, proyectaba una visión benévola de Adán y Eva en un contexto de amor romántico. Milton rechazaba la visión malévola sobre la vida, el sexo y el placer que tenia San Agustin.

    • Los puritanos del Siglo XVI unieron los ideales del amor romántico con la normalidad del sexo en el matrimonio. El estado de la mujer mejoró con el Puritanismo (por ejemplo, si era azotada, la mujer podia separarse y hasta divorciarse). Las leyes sobre derechos de propiedad y derechos de herencia mejoraron. El matrimonio se convirtió en un contrato

    1700 e.c. -1800 e.c.

    • Los Racionalistas en esta nueva Epoca de la Razón rechazaban la tenebrosidad del cristianism o. Ellos abandonaron el concepto que la iglesia tenia de que la mujer es malvada.

    • El amor del Siglo XVIII rechazaba los valores anti-sexuales del cristianism o e idealizaba al mitico Don Juan, que tenia modales impecables y era vigoroso, lujurioso y altivo. El amor fue reducido a la mera sensualidad y a ser un deporte placentero con el propósito de seducir y abandonar.

    • Los hombres religiosos victorianos eran patriarcales y severos. Pero jugaban ese papel a costa de su propia sexualidad.

    • Del victorianismo religioso surgió un gran anhelo de una vida sexual de fantasías. La flagelacion, la pornografía y la prostitución au mentaron rápidamente.

    1800 e.c. -1900 e.c.

    • Las economias capitalistas estaban acelerando en gran manera la disolución de los lazos religiosos medievales junto a sus costumbres sociales injustas y su racismo.

    • El hogar victoriano religioso se veia atacado por el desarrollo del sufragio femenino, las reformas del divorcio y el amor libre.

    • El Victorianismo era una acción dilatoria desesperada y reaccionaria (en confabulación con la iglesia) en contra de los cambios inevitables producidos por la emergente civilización industrial. Los victorianos de orientación religiosa trataron de combatir el cambio por via de la coerción religiosa, la fuerza gubernamental y las actividades policiales.

    1900 e.c. -1950 e.c.

    • Margaret Sanger sostuvo una lucha histórica en defensa del control de la natalidad afirmando que el cuerpo de una mujer le pertenece sólo a ella. Ella publicó información acerca del control de la natalidad en el año 1914 y estableció clinicas de control de natalidad en 1916. Elementos católicos, enfurecidos y frenéticos, hicieron que ella fuera arrestada y encarcelada.

    1950 e.c. -1970 e.c.
    • La revolución sexual moderna hacia la franqueza y honestidad ha hecho que la malévola influencia de la iglesia sobre la sexualidad se debilite. En un último esfuerzo desesperado, la iglesia "moderna" rápidamente adoptó el punto de vista existencialista o de diversión en cuanto al sexo para disminuir el valor y la importancia del sexo, socavando la autoestima de la gente para mantener de esta manera control sobre ellas. Sin autoestima uno no puede experimentar felicidad duradera ni placeres psychuous. Sin autoestima, una persona continuará siendo controlada por neo-estafadores que usan sus instrumentos de misticismo.

    1970 e.c. - Presente
    • Un ascenso ominoso de misticismo patente, cristianismo "renacido" y religiones fundamentalistas señalan el retorno hacia las perspectivas malévolas de la vida, el amor y el sexo. Una renovación de los conceptos teocráticos y del fundamentalismo son las condiciones finalmente buscadas por todos los lideres misticos. No importa cuáles sean sus fachadas engañosas, todos los líderes místicos son neo-estafadores destructivos que finalmente quieren reinar con poder asesino. Pero hoy, por primera vez en la historia, el misticismo y la neo-estafa están siendo efectivamente identificados y eliminados al extender y divulgar la educación


    Comentario de Angel hace 4 años y 50 meses


Recordar datos


Justicia Geométrica © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009