Capitalismo y comunismo
Daniel Vicente Carrillo - 20-09-2005 15:33:23 | Categoria: General
Las sociedades comunistas no tienen alma, pero las capitalistas carecen de cuerpo.Las comunistas tienen un solo cuerpo, ya que funcionan como una máquina en la que todo depende de todo, aunque las piezas sean fácilmente sustituibles (pero no intercambiables). Las capitalistas tienen almas, tantas como individuos, mas no se corresponden con ningún organismo superior que las armonice.
Por eso Weber vio en el credo protestante el origen ideológico del capitalismo: porque convierte el cuerpo de la Iglesia en algo invisible, individual y predestinado. Marx, a su vez, encontró en la doctrina corpusculista de Epicuro a un precursor de su filosofía de la autoconciencia en lo inmanente.
Al cierre del siglo XX el liberalismo, con su mística del albedrío, y el epicureísmo marxista, con su ética de la necesidad, han demostrado ser dos filosofías políticamente desechables, al margen de la mayor o menor corrección de sus análisis económicos. Ahora sólo se mantienen a nivel individual, en la trinchera de las conciencias, lo cual es, por cierto, un resabio protestante.
El capitalismo nace espiritualista, porque se basa en la propiedad privada que, a su vez, se basa en el individuo; el individuo considerado desde una perspectiva gnóstica, como energía sin necesidades. El materialismo, en cambio, lo contempla desde el prisma determinista, como necesidad sin energía.
El error de ambas ideologías consiste en sacralizar la sociedad al tiempo que se la empequeñece bajo sus respectivos parámetros de falsa adoración. Tendemos a olvidar que tanto Robespierre como Stalin fueron ateos (el primero con disimulo) y nacionalistas. No en vano Lutero encerró a Dios en el Estado nacional en ciernes, al modo de los idólatras que lo circunscribían a estatuas de piedra obra de hombres.
Existiendo muchos animales sociales pero -hasta donde nosotros sabemos- sólo uno político, hay que concluir que la cultura y la civilización son mayores que la sociedad; que, en cierto modo, ésta debe estar a su razonable servicio, contra toda tentación puramente utilitaria.
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